Un, dos, tres

En estos días empiezan los trabajos para una de las decisiones estratégicas más importantes de Austria de las últimas décadas.

29 de Enero.- Los austriacos pasan por ser gente muy preocupada por la naturaleza y el medio ambiente. Ya lo eran antes de Greta (para gran cachondeo de sus vecinos del norte, los teutones, que veían en esta preocupación por la naturaleza una suerte de debilidad) y lo siguen siendo ahora. Naturalmente, desde que en las últimas elecciones el Partido Popular austriaco tuvo su caía de Damasco y experimento la conversión que le llevó a abandonar el lado oscuro de la fuerza, Austria se ha puesto más verde y más ecológica.

Uno de los proyectos estrella de los Verdes, die Grünen, para esta legislatura es un billete unitario para toda Austria, que permita viajar en cualquier medio de transporte público por todo el país. El objetivo, naturalmente, es hacer atractivos los medios de transporte públicos y que la gente abandone el coche. Los Verdes fantasean felices con que las carreteras estén descargadas de vehículos manejados por una sola persona y también con trenes reventones de viajeros felices.

A pesar de que el proyecto mola, lo cierto es que las fantasías corren mucho riesgo de estrellarse contra el duro hormigón de la realidad. De hecho, el proyecto no es nuevo. Ya en el pasado, cuando los socialistas y los populares aún formaban lo que se llamaba « la gran coalición », ya se pensó en instaurar este billete único. Pero, como le sucedió a la carrera académica de Cristiano Ronaldo, la cosa no llegó a cuajar.

Hubo dos obstáculos fundamentales : en primer lugar, la cantidad de personas a las que había que poner de acuerdo. Municipios, Länder confederados y Gobierno Central. Y por otro lado, naturalmente, el espinoso asunto de la financiación lo cual viene a ser la pregunta central de casi todo : o sea, quién pagaba el guateque.

El nuevo proyecto se llama « Billete 1-2-3 » y funcionaría así. Si uno quiere viajar por una región de Austria, el billete costaría, como ya pasa en Viena, un euro al día. Si quiere viajar por dos, pues dos euros (es mi caso, por ejemplo, que « penduleo » entre Burgenland y Viena y me sale por un güevo de la cara) y si quiere utilizar el transporte público por toda Austria, la cosa saldría a 3 euros diarios (como es evidente).

Llevados por el entusiasmo, en el Gobierno han hecho ya cuentas de cuánto costaría la cosa y les sale un precio ajustado, máxime teniendo en cuenta que se dejarían de emitir a la atmósfera tantas y cuántas toneladas de Dióxido de Carbono, ese gas perverso que tanto cabrea a Greta y a los osos polares. « Sin encambio », como dijo el clásico, los expertos no ven la cosa tan fácil. Alertan de que el riesgo del asunto es que el billete 1-2-3 muera de éxito. Razonan así : imaginemos que la gente abandona el coche (contigo no, bicho) y se suben a los trenes. Donde ahora viajan 20, pueden llegar a viajar 60, de manera que habrá trenes sobrecargados. O sea, que el billete que sí, que venga, que vale, que está bien pero que para que pueda funcionar, casi automáticamente va a haber que invertir en infraestructuras. O sea, que será una decisión estratégica a la que Austria deberá enfrentarse.

¿Será el Gobierno valiente y decidido como la decisión exige ? ¿Se quedará la cosa en un gag electoral ? Pues ya veremos, señora, ya veremos.

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