Exclusiva: entrevista con la «amiga especial»

Si la BBC ha tenido una entrevista con la amiga especial del rey don Juan Carlos, aquí, en Viena Directo, tenemos a la amiga especial del emperador Paco Pepe. Quién da más.

20 de Agosto.- La famosa actriz Katharina Schratt ha accedido a abrir su lujoso piso a las cámaras de la ORF y ha exigido que sea Armin Wolf quien la entreviste, para hablar de su relación con el emperador Francisco José.

ARMIN WOLF-Buenas noches, Sra. Schratt.

KATHARINA SCHRATT-Buenas noches, Herr Wolf.

ARMIN WOLF-En los últimos días se ha especulado mucho con su relación con su majestad el emperador. Son muchos los que dicen que usted, como « amiga especial » ha gozado de ciertos…De ciertos favores a cuenta del erario público.

KATHARINA SCHRATT- Paco…Bueno, su Majestad, me quería mucho. Y sus regalos fueron producto de la gratitud que él me tenía, porque yo le cuidé en momentos complicados de su vida.

AW-(lee de una lista que tiene escrita) Una mansión en Gloriettegasse, un palacio de 500 metros cuadrados frente a la ópera, dinero, joyas, un mono…Und,und,und que diría Strache.

KS-Es que Paco, digooo, su majestad, era muy generoso. Pero todo salía de su fortuna personal. Yo no he cobrado nunca ni un Groschen de las arcas públicas. Su majestad, ahora que ha muerto puedo decirlo, me lo dijo muchas veces : Katharina, cuando yo falte, no quiero que pases ninguna necesidad. Podrás seguir teniendo tus aficiones y tus animales como siempre, sin preocuparte por el futuro. Reza y sé feliz (suspira) Así era él.

AW-Y podría contarnos un poco más como se conocieron ?

KW-Es que eso forma parte de mi esfera íntima. Y yo siempre he sido muy discreta. Nunca, ni en vida de Paco (!Por supuesto que no!) ni cuando faltó, fui a los medios ni a los platós a contar nada. Y mire que me podía haber forrado, porque yo, antes de conocer a mi majestad, o sea, a su majestad, yo ya era una mujer famosa. Pero mire, hay cosas que…

AW-Hay quien dice que se conocieron ustedes en 1883.

KS-No, no es verdad. En 1883, nos vimos por primera vez. Pero fue durante una audiencia. Nada de particular. Entonces, yo estaba en mi apogeo, como mujer y como intérprete. «La Schratt » me llamaban. Los millonarios se suicidaban por mí y los que no eran millonarios se me quedaban mirando por la calle con ojitos de cordero degollado, que daban ganas de decirles « !Qué ! ¿Tengo monos, o qué ? ». Y claro, nos invitaron al Hofburg. Y mucho besamanos por aquí, mucho besamanos por allá, pero nada. Hombre, Herr Wolf, en confianza: yo noté que le gustaba, porque eso una, como mujer, lo sabe. Pero Paco, o sea, su majestad, es que era más bien cortadillo, el pobre.

Hay gente que dice que era un soso…Vamos, la emperatriz lo decía mucho : hijo, Paco, si a mí me llaman Sisí, a ti te tenían que llamar Sosó, pero no es verdad. Lo que pasa es que el hombre era timido. Que yo a veces le hacía cosquillas para ver si se le quitaba la cara esa que tiene en los sellos. Y ni por esas.

Pues eso : la primera, la primera, lo que se dice la primera, fue en 1885, en el Baile de los Industriales. Iba yo…(soñadora) Bueno,bueno,bueno. Un traje blanco con una cola, unas joyas, un pelazo…Total, se me acercó la emperatriz y, lo crea usted o no !Poco menos que nos echó a uno en brazos del otro!

AW-De verdad ?

KW-Es que yo creo que aquella relación ya no funcionaba. Él sí, porque él era de costumbres, como todos los Habsburgo-Lorena, pero ella estaba de él hasta el Winterhalter.

Naturalmente, de cara a la galería, sí que hacían la comedia. ¿No ? Qué iban a hacer, los pobres. Pero ella se había cansado de él hacía mucho. De él y de la familia de él, que Schönbrunn era un poco panteón, las cosas como son, con tanto cura y tanta misa y tanto ceremonial. Es que a la emperatriz le gustaban las emociones fuertes.! Fíjese ! Si hasta llevaba un tatuaje. Que eso, en un hombre, tiene un pase. Pero en una mujer…Al hombre le gusta una feminidad, una caida de ojo por ahí, un suspiro por allá, una picardía, un tirante que se te cae, un « ay, Paco, creo que tengo una pulga en la negligée, búscame la pulga, anda, Paco ». Pero un tatuaje… En cambio yo era más como él. Él con sus imperios y sus cosas, y yo con mis puzzles y mis animales. A mí, dame un puzzle de diezmil piezas del castillo este de Alemania…Sí, este del rey pirado que era primo de la emperatriz.

AW-Neu Schwanstein.

KS-Ese, mismo. A mí dame un puzle de esos y mis papagayos, y mis monos…

AW-Y su bacarrá y su ruleta…y su brisca…

KS-Ché ché ché ché, que yo no he jugado nunca a la brisca.Por quién me toma.

AW-Pero al resto parece ser que ha perdido usted sumas fabulosas que luego pagaba la Casa Imperial.

KS-Me las ganaba…Me las ganaba de otras maneras. Y con creces, no se crea.

AW-Ya.Lo supongo.

KS-No, oiga. Ese tonito no se lo consiento. Ser “la otra” no está « chupao » como se cree la gente. Siempre esperando, siempre mona, depilada, maquillada, sensual, disponible, por si a él se le ocurría venir. Y muchos días ni venía. Me mandaba un lacayo.

« Que su majestad se tiene que quedar hoy hasta tarde que tiene consejo de ministros », « Que su majestad hoy no puede porque vienen a medirle que le hacen un uniforme nuevo », « Que a su majestad le es remotamente imposible, porque hoy tiene que pasarle revista a las tropas »…Una risa, ya le digo.

Y no se crea usted que Paco era un follarín de la pradera, que la gente piensa que ser la amante del emperador debía de ser un jolgorio. Pero de despendole, nada. A veces venía, y yo le recibía con un picardías que a él le gustaba y él me decía : Kati, Hasi –conejita-, hoy no, que estamos cuaresma. A rezar el rosario. Y hale, yo con mi picardías de alta costura, arrodillada, con ese hombre a mi lado rezando el rosario, inmune a mis encantos. Ha rezado alguna vez usted el Rosario en picardías ?

-No.

-Pues se coge frío en los rinones, se lo digo ya.

-Sra. Schratt, se nos está acabando el tiempo. Hasta cuánto duró su amistad ?

-Pues hasta el final, Wolf. Hasta el mismísimo final. Aunque en los últimos años ya solo nos intercambiábamos estampitas de santos, porque a Paco, cuando ya estaba mayor, le dio por la religión. O sea, más de lo que ya le había dado antes. Mire, yo creo que él pensaba que lo del asesinato de su mujer había sido un castigo por lo nuestro. Y por eso…Después de 1898 ya no era lo mismo. Entre eso y lo de la escopeta…

-La escopeta ?

-Ay, Wolf, parece usted tonto. La escopeta, sí, la escopeta. Que ya no apuntaba…Como antes ¿Me comprende?

-Eso creo.

-!Con lo bueno que era él con la escopeta! Pues eso. Y luego, en 1916, se me murió…Me dejó tan sola.

-Tenía usted a su mono.

-Sí, pero no era igual, claro.

La Sra. Schratt se queda mirando por la ventana, quizá a la Ópera,

Articulo publicado en Historias de la Historia. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.