Al FPÖ se le ha marchitado el clavel en Viena

Las elecciones de ayer nos han mostrado cuánto han cambiado las cosas en Austria en los últimos meses. Para bien.

12 de Octubre.- Antes de empezar con este artículo, me gustaría decir que lo que sigue no pretende, en ningún modo, comentar en profundidad el programa ni del FPÖ ni de Strache –suponiendo que tuvieran alguno- sino hacer una reflexión de lo que ha revelado la durísima derrota que tanto una formación como la…(tachemos, otra vez : )la durísima derrota que tanto una formación como el artefacto de su líder para intentar por todos los medios mantenerse en la arena política revela del cambio que se ha producido en Austria de un tiempo a esta parte.

Las dos derrotas habían sido anunciadas con antelación por todos los sondeos. En el FPÖ, probablemente pensaban que, en gran parte, las bajas expectativas se debían, por un lado, a los ecos del escándalo de Ibiza, del que la ultraderecha no termina de recuperarse y, por otro, a la falta de un candidato no ya carismático, sino siquiera con algún tipo de carisma.

Sobra a estas alturas decir que Domic Nepp se ha tenido que enfrentar no solo al desafecto de sus oponentes y de sus simpatizantes, sino también, qué duda cabe, a la poca fe que le tenían en sus propias filas. Nepp, un desconocido, era percibido como un candidato sustituto, como un candidato B, sin garra, sin pegada.

En esa clave hay que interpretar la durísima publicidad del FPÖ intentando apelar a lo que ellos piensan que es el núcleo duro de sus votantes. El FPÖ ha intentado ofrecer a ese núcleo duro lo que ellos consideran que es un destilado del FPÖ. La idea estaba clara : hagamos una campaña  que funcione hasta sin candidato.

Y así, el FPÖ ha agitado todos los fantasmas que hubieran funcionado en 2015, cuando la conversación pública estaba dominada por la crisis de los refugiados. Sin embargo, en estos momentos, la mayoría de los austriacos –el mundo, en general- tiene muy poco tiempo para pensar en una supuesta ola de islamización en Europa debido a la presión migratoria. A la gente le preocupan otras cosas : el coronavirus, naturalmente, pero sobre todo las consecuencias económicas de la pandemia.

En otras palabras : el Zeitgeist ha adelantado al FPÖ por la izquierda.

Naturalmente, una apuesta tan fuerte también ha provocado que Dominic Nepp tuviera poco que hacer fuera del guion que le habían confeccionado. La trampa de poner toda la carne en un mismo asador se ha ido cerrando a su alrededor, dejándole poco espacio de maniobra. Resumiendo : no hay en Viena (y lo escribo con alivio) un treinta por ciento de racistas y xenófobos capaz de llevar al FPÖ a donde llegó en 2015 (que los hubiera entonces o no es una pregunta interesante, yo creo que no, que no los había entonces tampoco).

Lo cual nos lleva a lo siguiente : el FPÖ y otras formaciones del estilo son como los virus. Internamente, no son muy sofisticadas. Su material genético propio es muy escaso. Si se me permite estrujar la metáfora, viven de parasitar temas que otros crean. Por lo tanto es vital para su supervivencia tener capacidad de reacción, estar pegados al latido de un cierto tipo de votante.

Es un oido, una gramática parda que, se quiera o no, se tiene o no se tiene. Strache la tenía (en parte porque era tan sencillo de entendederas como los votantes del FPÖ son en general). Ni Kickl ni Hofer lo tienen. Por lo menos por un tiempo al FPÖ se le ha marchitado el clavel.

En cuanto a Strache, las elecciones de ayer también han demostrado que ni siquiera los partidarios del voto de castigo (en Austria, una religión) le tomaban suficientement en serio como para apostar por él. Creo que ya he citado hace poco la famosa ocurrencia de Katharine Hepburn a propósito de Fred Astaire y Ginger Rogers (Ginger le da a Fred sexo y Fred le da a Ginger clase). Sin Hofer y sin Kickl, Strache es lo que era antes de conocerle. Un tipo con mucho instinto pero sin el don de penetrar en la realidad profunda de las cosas.

Es un tópico, pero seguramente, poco más que un juguete roto.

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