Sombras del pasado

15 de Septiembre.- Conozco la cara. Cuando me acerco al montoncillo en donde pone diez céntimos por pieza, quien me acompaña, generalmente, me hace la misma pregunta: ¿Y para qué leches quieres fotos viejas de gente que ni siquiera conoces? Pero las fotos antiguas son mi pasión. Me gusta pasarlas, seleccionar las que son más bonitas, o las que tienen algún detalle inusual, y pago por gusto por esos trozos del pasado que, en algún momento, le pertenecieron a alguien. Tengo, en Viena y en Madrid, una buena colección. Las últimas, las que ilustran este post, las he comprado en el mega almacén que Caritas tiene en Mittersteig, cerca de mi casa.
En el prólogo de mi ejemplar de “A sangre fría” de Truman Capote, está escrita una frase que me viene a la memoria cada vez que miro estos trozos del pasado: “algún día todos seremos arrancados de las cosas que poseemos”. Para mí, estas fotos son inagotables fuentes de preguntas. Igual que la evidencia de que, quién sabe, quizá a principios del siglo que viene, mis recuerdos, mis fotos, los cachivaches que hoy nos parecen última tecnología, serán vendidos por unas cuantas monedas (¿Habrá todavía monedas?) en quién sabe qué rastro y mirados, como yo miro los cachivaches del siglo pasado, con curisidad e indulgencia. Para disfrute de quién sabe quién.

Esta foto está hecha, según la anotación a tinta del dorso, en algún lugar de Francia durante la Segunda Guerra Mundial (Jeonette, creo que pone) ¿Quién es el fotógrafo? ¿Qué relación tiene con la mujer? ¿Qué fue de ellos después de la guerra? ¿Cuál de los cuatro hombres envió la foto a Austria? ¿Para quién?
Esta foto no tiene ningún tipo de anotación. Está claro que los adultos son los abuelos de la niña. Me gusta la mirada de los tres, de una compacta inocencia. Cada uno con un matiz distinto. La composición de la foto, el encuadre…

Otro abuelo, de enorme parecido con el emperador Franz Joseph. Es difícil datar las fotos en las que aparecen ancianos, porque conforme envejecemos nuestra manera de vestir se queda anclada en un limbo al que la moda no afecta. Los bigotes del hombre. Compré esta foto por los bigotes.
Esta sólo tiene una fecha, 1921. Inexplicablemente, esta imagen me produce una gran ternura. Supongo que es por las trenzas de la niña que está de pie. O por lo feillas que son (pobrecitas) las niñas que están sentadas. A lo mejor sus ojos orientales son producto del síndrome de Down ¿Quién eran? No me responden ¿Quién hizo esta foto de composición tan cuidada como la de un retrato de estudio? El perro posa a los pies de los niños como los perros mansos de los retratos de Velazquez. En la cara de la niña que está de pie, a la derecha, hay una insólita vitalidad que huye de la pose estatuaria de las otras.

Últimos años veine, principios de los treinta. Europa estaba aún ajena a los desastres de la guerra. Quizá alguno de estos chicos (es probable) cayó en algún frente. Pero en el momento de hacerse la foto, qué inocentes, qué ignorantes de que ya eran árboles marcados para ser cortados. Mirando estas caras -y otras que no se ven, porque al reproducirla, la he cortado- se ven todas las gamas del ingenio humano. Del pícaro, al inocente; del concentrado, al distraido. De la camaradería a la independencia. El dorso de la foto es una larga lista de nombres, escritos a plumín y organizados por filas con precisión germánica.
¿Quién conservó la foto hasta el final? ¿Cuántos de estos chicos sobreviven hoy?
¿Cómo se puede escapar de lo que significan estas miradas?

Un comentario en «»

  • el septiembre 15, 2007 a las 11:00 pm
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    A mí lo que me sorprende es que los dueños originales de esas fotos se hayan desecho de ellas de esa manera…Lo que daría yo por tener fotografías antiguas de mi familia…

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