Pero es que también me ha venido a la memoria este otro trozo de mi infancia. La simpar Verónica Castro (esa mujer que se arrastraba por los pajares de Televisa como nadie, y si no, vease la muestra)…Ays, Los Ricos También Lloran….Qué guapa era Verónica. Y qué desgraciada, la pobre. Y las perrerías que le hacía la mujer mala mientras yo me bebía el colacao caliente de los catarros…Los principios de la tele mañanera en España. Ese serial en donde aprendimos a amar con ternura los tabiques de cartón piedra que vibraban cuando el galán (patilludo y con camisa con cuello XXXXL) cerraba de un portazo o esas escaleras espectaculares diseñadas para que la mala hiciera su aparición justo en el momento en que la pobre Verónica Castro paraba de limpiar la plata para soñar con su amor con los ojos puestos en el techo…
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