Por eso, este fin de semana me lo he pasado muy bien.
Antes de seguir quisiera decir que, últimamente, y debido en parte a este blog, me he interesado mucho por la estructura de las redes sociales. Existen constelaciones de personas, unidas por intereses o circunstancias comunes, que forman una red. Estas redes, a las que todos pertenecemos, siempre tienen una ventana al exterior, que suele ser un indivíduo en particular, que es capaz de servir de puente entre constelaciones de personas muy diferentes. Mi amigo A. es uno de esos conectores.
Pues bien: A. decidió que uno de sus propósitos de año nuevo sería cuidar más a sus amistades. Y su método de hacerlo ha sido organizar una reunión semanal, los viernes, e invitar a parte de sus amigos a tomar cafelete y bollos (eso al principio: porque al final terminamos todos en champán).
El viernes pasado, estuvimos, aparte de mí mismo, un periodista sagaz, una fisioterapeuta berlinesa enamorada de las situaciones límite (voluntaria en Ruanda, próxima parada Irán) y una soprano checa especializada en papeles Wagnerianos. Sólo tenías que tirar una piedra cualquiera al pequeño estanque de la conversación para disfrutar con las ondas que producías (si se me permite la metáfora).
En estas reuniones siempre salen anécdotas que ilustran cómo es este mundo en que vivimos. Una de ellas fue la siguiente.
Contaba la fisioperapeuta que, durante su voluntariado en Ruanda, un habitante de ese país le pidió ver un casette de video que ella llevaba como material educativo o vete tú a saber. El caso es que en el casette había grabados cuatro o cinco episodios de Alf. El ruandés se sentó disciplinadamente enfrente del renqueante equipo de video y, durante más de una hora, asistió a las idas y venidas de la familia americana que tenía al extraterrestre en régimen de acogida.
Como la impresión de los extranjeros sobre mi país me interesa mucho le hice varias preguntas. Reproduzco aquí, condensadas, las respuestas.
-¿Por qué te fuiste de España?
Además de llamarme la atención el uso del verbo ser mas el adjetivo solo era curioso como M. cambiaba al hablar en español, de la persona burbujeante y risueña que es en alemán, a un tono de voz cuidadoso, bastante bajo, los sonidos “zeta” y las “ct” (como en “estructura”) cuidadosamente remarcados.
Como Vaslav, vaya.

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