Adolf Hitler es saludado por sus paisanos en su pueblo natal, recién proclamada la anexión en Marzo de 1938

Conversaciones en el Café Atlántico

11 de Marzo.- Ayer quedé con mi amigo P. para tomar unas estupendas croquetas de bacalao en el Café Atlántico.
Delante de sendas copas de vinho verde estuvimos comentando los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.
Es un gusto quedar con P. porque, aunque no nos veamos a menudo (la última vez fue en junio del año pasado) a los cinco minutos de estar sentados frente a frente es como si nos viéramos todos los días. Tiene una curiosidad infinita por todas las cosas, y energía suficiente como para satisfacerla. Es un lector constante y cariñoso con sus autores favoritos, y tiene la fina inteligencia de verlo todo con un sano sentido del humor. Le traigo a colación porque ayer, en los recovecos de nuestra conversación, salió la fulanita de la que yo hablaba días atrás, la de nuestro pais para nuestros hijos. La fulanita en cuestión ha sacado muchos votos en las elecciones de Niederösterreich, hasta llegar a un temible diez por ciento. Me contó P. que la mujer esta es madre de diez chiquillos, todos con nombres estrictamente germánicos (lo cual, en principio, no es ningún delito, aunque da idea de una manera de ser) y está casada con un hombre que tiene prohibida su participación en la vida política porque, a mediados de los noventa, parece ser que encabezó un grupo de los que niegan el holocausto y lo califican de patraña urdida por la judeidad internacional . Este tipo de declaraciones están penadas en Austria, como en Alemania, de la misma forma que en España está penada la apología del terrorismo. La fulanita misma también estuvo en la picota, o candelabro, porque se le ocurrió defender a su santo diciendo que aquello de negar la existencia de los campos de concentración no era más que “un problema de libertad de expresión”.
Hablando de esto, durante este mes de marzo se conmemora que sólo hace 70 años que Austria fue anexionada a la Alemania nazi, mediante un tocomocho muy característico de la forma hitleriana de hacer política.
Los austriacos modernos tienen una actitud de monolítica repulsa frente al nazismo (aunque parte de ellos voten a gente como la fulani esta de la que hablo) y han conseguido venderle al mundo eso de que “nosotros fuimos la primera víctima” (aunque, a juzgar por las imágenes de Hitler desfilando frente a la ópera de Viena,o de la peña en la Heldenplatz, uno no se lo cree mucho, más que nada porque los austriacos de entonces que salen en las fotos estaban locos de contentos). De hecho, observadores imparciales de la época le contaban al mundo que, durante su primera noche en Viena, el tito Adolfo no podía dormir debido a los vítores de la multitud apostada en el Ring con la intención de verle. Los austriacos de 1938 veían en Hitler, supongo, el milagro económico alemán, una garantía de orden (esa pasión tan germánica),y también la oportunidad de volver a contar en la política mundial (un deseo muy propio de mentalidades estrechas que también llevó a Aznar a dar conferencias de prensa como si se hubiera bebido un litro de anís).
También es cierto que Austria fue el primer lugar en el que surgió un movimiento organizado de resistencia (no hay que olvidar la fuerte polarización política de la época) y que muchos austriacos perecieron intentando combatir el nazismo. Que durante el nazismo, Austria perdió su identidad nacional (por perder, hasta perdió su nombre, que se transformó en Ostmark).
Hoy, setenta años después de aquellos hechos contra los que sólo México protestó (decíamos ayer) se suceden las conmemoraciones, cuando aún hay testigos oculares de que en el Rabenhoff, en el distrito tres, se hacía a los judíos fregar las calles o de que, la oficina donde yo me empadroné (en el distrito quinto) era la utilizada para extender los visados de los judíos.
¿Qué pasaría si pasara algo así hoy? Es más: ¿Sería posible algo así hoy?

Un comentario en «»

  • el marzo 12, 2008 a las 9:02 am
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    Una amiga mía austríaca flipó cuando le dije que en España no es delito ser partidario de Franco. Yo no creo que sea una cuestión de libertad de expresión. Quizá suene muy “facha” pero creo que la democracia se tiene que proteger y no todo vale. La última pregunta prefiero no hacérmela, porque cuando me la hago me doy cuenta de que ha vuelto a pasar y que está pasando en muchas partes del mundo y eso me apena. Un abrazo!

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