Reglas y marcos

12 de Marzo.- Querida Ainara: el miércoles pasado falté a mi cita porque me encontraba en el sur de Alemania. Mientras daba paseitos por el estand de la feria a la que asistía (sonrisita por aquí, sonrisita por allá) me preguntaba qué sería lo próximo que te escribiría.
Me acordé entonces de que no te he hablado todavía de algo que es fundamental para conseguir algo parecido a un grado razonable de felicidad.
Verás: durante tu vida, tratarás con diferentes tipos de personas, con las que tendrás relaciones de diferente intensidad. Desde las cajeras de los supermercados a tu familia (yo mismo) pasando por los sucesivos elegidos de tu corazón. Gran parte de tu éxito personal, Ainara, dependerá de cómo administres esas relaciones. En realidad las reglas son fáciles si uno consigue interiorizarlas pero la desastrosa realidad, sobrina, es que hay muy pocas personas que sean capaces de hacerlo. El resultado: proyectiles lanzados a toda leche contra el espacio emocional común, daños colaterales. En casos extremos: aumento de las ventas de clínex y helados Hagen Dazs.
El secreto del éxito de las relaciones con los demás seres humanos empieza, aunque te parezca paradójico, en ti misma. Porque no se puede querer a nadie (en el sentido más amplio de la palabra que se te ocurra) si antes no te quieres a tí misma. Con un amor cuidadoso, maduro y, si es posible, jocoso. Una estima por tí misma que incluirá siempre conocer tus propios límites, tratar de ver de manera realista tus fortalezas y tus debilidades, tratar de disculpar tus errores poniendo siempre por delante un propósito de enmienda; comportándote contigo misma como te gustaría que se comportasen los demás: con respeto, con cariño, con indulgencia, con una punta de espíritu de superación (el justo para no convertir la vida en una carrera que te tenga siempre con la lengua fuera).
Obtener esa clase de amor por uno mismo exige cierto entrenamiento (depende mucho de los condicionantes que uno traiga de fábrica, no te engaño) pero en cualquier caso no es imposible.
Tras esto, las relaciones con los demás se convertirán en una prolongación de las relaciones que tú tengas contigo misma. Si te quieres, es probable que los demás te quieran. Si te respetas, es muy posible que los demás te respeten. Si formas para tí misma un marco de reglas mínimas que garanticen una civilizada convivencia contigo, serás capaz de crear un marco parecido para tus relaciones con los demás.
Por mi experiencia, Ainara, dejando aparte los casos que he tenido ocasión de observar, la mayoría de las relaciones humanas fracasan en este punto: llega un momento en que uno de los componentes de la relación traspasa el marco y el otro, por pereza, por una deficiencia de autoestima, o por cualquier otro motivo, permite que ese marco se traspase. Y, como decía el chino aquel, lo que sucede una vez, sucede para siempre. Una vez la primera transgresión de las normas se produce, no hay niguna protección que evite la repetición de la excepción.
Si algo te hiere o te violenta, Ainara, házselo saber al responsable. Sin dudar. Esta labor docente es la única manera de que el ofensor se corrija, y la única manera también de hacerte valer. Es tu responsabilidad hacia ti misma. Actúa siempre de buena fe, pensando que la otra persona ha actuado mal sin querer, pero no dejes de actuar. Acepta también las críticas con la mejor voluntad posible de corregirte y, llegado el caso, explica tu actuación con rectitud, tratando de no hacer daño innecesariamente.
Entre tú y yo, esta es una lección que tarda años en aprenderse, pero que nunca es demasiado pronto para empezar a aprender. Tu tío, a estas horas, aún es un estudiante que aprueba raspando.
Besos mil desde Viena.

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