Cada vez que te veo, rondar mi strasse,
Vigilando mi wohnung, mañana y abeeeend.
Hoy, mientras venía a trabajar, iba yo canturreando por la calle estos grandes ésito (y otros que no refiero por vergüenza), y la gente me miraba, ya que aquí, a no ser que vayas beodo, la gente canturrea poco. El aire traía el perfume inconfundible del estiercol de vaca, porque, debido a la nueva bonanza de las temperaturas, la municipalidad vienesa está abonando los parques y jardines de la ciudad.
Mientras iba yo para el metro, me acordaba de un pograma de la ORF que estuve viendo ayer por la tarde mientras me peleaba con cierto portal de compra de billetes para semovientes. El pograma en cuestión se llama Vera Exclusiv y viene a ser a la ORF lo que la telemierda es a la tele española. Sólo que sin Carmen Alcayde (ya he leido que ayer estrenó un nuevo engendro) y sin Jorge Javier Vodkas. Estas ausencias garantizan una realización más tranquila que la española y falta total de cebos para “después de la publicidad” (Gott sei Dank). Lo que no garantiza la ausencia de JJVodkas es que los temas pasen un control de homologación antimareo.
El temario de ayer de Vera Exclusiv, en adelante VE, era la parada de los monstruos (con todo el cariño, oyes, que yo no quiero hacer discriminaciones ni nada). Pero juzguen mis pacientes lectores por una muestra:
Un señor austriaco que se ha pasado los últimos tres años con hipo.
Ya salió: ya estamos con el descojono. Que no , que no, que pasarse tres años con hipo es una cosa muy seria, Eh? El pobre señor ha sufrido no sé cuantísimas operaciones, y se ve gravemente impedido para la vida diaria por su afección. Pero, aparte de sensibilizar a la audiencia sobre otros casos parecidos al suyo, el señor salió ayer en VE porque ha encontrado alivio a sus cuitas mediante un aparato del tamaño de un ladrillo (y no exagero ni un pelo, porque lo mostró) que le sincroniza el diafragma mediante electrodos.
El momento de oro llega cuando la presentadora le pide al hombre, en interés de la verdad periodística, que desconecte el aparato para que los espectadores podamos apreciar el calvario por el que ha estado pasando. Y dicho y hecho: es darle al botón del off y el pobre caballero empieza a hacer ¡Jic! ¡Jic! ¡Jic! Lo cual, así al pronto, parece de coña; pero después de tres años no debe de tener ninguna gracia.
Este momento casi superó a aquel momento mítico de Quien Sabe Dónde en el que un grupo de jubilados exclamó a voz en grito (y totalmente en serio, que es peor):
-¡Miguel Angel, vuelve! ¡Estés vivo o muerto, escríbenos!

Deja una respuesta