Primeras secuencias de LMS
El efecto correcaminos (Little Miss Sunshine)
8 de Abril.- Hace meses, en esa tienda de cosas de segunda mano que me saja y me saja, me compré el DVD de “Little Miss Sunshine” principalmente por las críticas favorables que había leido por aquí y por allá. Como las películas buenas son un bien escaso, he tardado un poco en hincarle el diente a esta. La vi el domingo pasado. Y la verdad es que, aunque es una película agradable, pasa con ella como con algunas cosas de la vida: uno tiene que hacer la vista gorda para que sigan funcionando.
Contemos un poco del argumento: la peli cuenta la historia de la típica familia disfuncional americana compuesta por: padre escritor de libros de autoayuda, madre al borde de un ataque de nervios, abuelo que esnifa coca y se mete heroína, tío homosexual que ha sobrevivido a un intento de suicidio, chaval adolescente que ha hecho un voto de silencio (bajo mi punto de vista el mejor personaje de la peli) y niña gordita y simpática (gafotillas) que tiene como afición presentarse a concursos de belleza infantiles.
Cuando la niña es seleccionada para participar en Little Miss Sunshine (concurso que, por lo que uno ve más tarde, parece un certamen pensado para disfrute del difunto duque de Feria) dicha comunidad familiar atípica se embarca en un autobús volkswagen amarillo con el cual atraviesan el país (naturalmente, los Estados Unidos). Este viaje es la excusa de la película. Durante hora y media más o menos seguimos a esta familia hasta llegar al climax que no contaré para no estropearles el placer a quienes quieran verla.
En un primer visionado, las peripecias de estos seres humanos se siguen con interés. Uno se ríe donde se tiene que reir y sufre un poquito (sólo un poquito) cuando tiene que sufrir. Los actores están correctos y eficaces, la niña pequeña en las antipodas de Chechu, Joselito o Marisol. Uno pilla la metáfora del autobús y medita sobre el éxito.La narración es fluida. En fin.
Pero, ¿Dónde hay que hacer la vista gorda? Pues hay que hacerla en algunos momentos en donde se roza peligrosamente la frontera de la REGLA NÚMERO UNO, que es (escuchemos la voz de los Supertacañones):
-Si creas un mundo en el que las princesas puedan despertarse con un beso de amor verdadero, esa convención hay que respetarla hasta el final. Si no, la ilusión se escachifolla.
En LMS hay momentos en que eso no sucede. Casi no te das cuenta durante el flin, pero cuando, después, en el cigarrillo posterior al placer (es un decir) uno se pone a analizar lo que ha visto, se da cuenta de que hay secuencias enteras que se le caen de manera bastante irritante. O sea: que hay cosas que pasan solamente porque, al que está contando la historia, le interesa que pasen así. Y se nota. Y te duele.
Para quien haya visto la película, este es el caso, por ejemplo, de la secuencia del policía en la carretera.
Otro defecto que, en mi opinión, tiene LMS es que, a ratos, uno tiene la sensación de que los personajes no tienen profundidad. Esto es debido al llamado Efecto Correcaminos sufrido por los fabuladores de todo el mundo (este que escribe incluido). Consiste en que pasan cosas entre los participantes en la trama que no tienen consecuencias posteriores, que no les afectan. Como cuando el correcaminos (mic,mic) le tira un yunque al Coyote y lo aplasta. En la viñeta siguiente ¡Flus! Mágicamente no ha pasado nada. Así, los personajes de LMS pasan por una situación superdramática y luego, en la secuencia siguiente, “qué buenos son los padres salesianos que nos llevan de excursión”. Sin solución de continuidad.
Por otra parte:
Cuando uno escribe algo y en ese algo hay varios personajes a los que uno quiere como a sus hijos (al fin y al cabo son desdoblamientos de uno mismo) uno se siente en la obligación de darle a cada uno un momento de oro. En una peli con seis protagonistas esta necesidad se multiplica por seis.
En LMS, sin encambio (como dijo el clásico), sólo hay un momento que sea de oro macizo. El resto son “oro golfi” como el que compran las marujas. Y es un momento de oro porque en él hay VERDAD a veinticuatro fotogramas por segundo. Es la secuencia del chaval. Un actor como la copa de un pino de doscientos años, por cierto. Esa secuencia es como si una presa se rompiese. Un momento enormemente poético y emocionante. Sin embargo, los directores (director y directora, pareja en la vida real) lo fastidian cuando, para respetar el tono “la familia unida jamás será vencida” ,tienen que reconducir la situación hacia el país de Disney.
(Releyendo lo anterior, me he dado cuenta de que yo quería hablar bien de esta peli, y resulta que la he puesto a escurrir. Sin encambio, me gustaría decir para terminar que Little Miss Sunshine –después de todo una versión de Chity Chity bang bang pasada por los Simpson- es una película muy agradable. Vamos, que uno firmaría inmediatamente porque la peli media que uno ve alcanzara siempre la misma calidad)
¿Alguien más ha visto la peli? Si es así, ¿Qué os ha parecido?
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