Regenbogenparade 2008

12 de Julio.- Con un poco de retraso sobre el horario normal -suele ser el primer fin de semana de Julio, hoy ha sido en Viena el Regenbogenparade, o sea, el desfile del orgullo gay. Una fiesta, y no solo para los congregados, que reivindicaban sus derechos, sino para las cámaras. Había casi más que asistentes. La verdad es que yo me he hinchado de hacer fotos (casi 250, y no he hecho más porque la batería ha dicho adios con el corazón). De tan abundante material, aquí dejo algunas instantaneas, como la de este chico que saluda a sus amistades desde el desfile.
O la del fabuloso hombre naranja, que se ha quedado con toda la concurrencia. Mi pregunta, en cuanto que le he visto, ha sido, pero, esa pintura, será buena para la piel?

Lina Morgan dixit: “Tengo un jardín en mi casa, que es la mar de rebonito/no tengo quien me lo riegue, y lo tengo muy sequito”. Para prevenir este problema, dos simpáticas jardineras.

Como en todo desfile que se precie, había carrozas: este chaval, al principio del desfile, contemplaba a quienes le contemplábamos.
Y esta chica, en el Ring, se había puesto flores en el pelo, como Scott McKenzie cantaba que había que hacer para ir a San Francisco. Aunque, la verdad, más que Hippie, el tema ha tenido momentos muy punkarras.

Aunque, por supuesto, todos hemos sacado la estrella que llevamos dentro. Como este chaval que bailaba sin descanso “rismos de astualidá” detras de una carroza !Arriba pitufos!

La elegancia es un concepto relativo y personal. Si no, que se lo digan a este hombre, tan conjuntado él, que hasta el perro le pegaba con la sombrilla. Una proeza.

Esta Venus adolescente es contemplada por su novia, la diablesa. Debajo del tul transparente, la chica no llevaba nada. Fresca, no se puede negar que iba.

Como habrá sido el desfile de fantástico y divertido, que hasta Kirk Douglas ha venido a vernos. Que no?

Y del cuero, a la Kelly Family, la pasarela es inagotable.

Al final, el desfile, tras dar la vuelta a la Ringstrasse ha terminado en Heldenplatz, rompeolas de todas las Vienas, manifestódromo tradicional de sus habitantes.

Un propagandero que repartía invitaciones a una fiesta a la que había que ir vestido de plástico, goma o cuero. Sin duda unos tejidos superconfortables para la época en la que estamos. Él ya iba dando ejemplo.

Ya en la Helden Platz, alguien ha abierto una boca de riego y nos hemos estado refrescando un poco.

Y como no, esta película, como todas las buenas, termina en beso. Aquí, dos chicos demostrándole al mundo que se quieren con todas las fuerzas de su beso de tornillo. Y diga usted que ja. A quién le importa lo que yo haga.

Y colorín colorado, el relato del desfile se ha terminado. La verdad es que me lo he pasado muy bien, aunque me he tenido que quitar la camiseta a la media hora de estar en la comitiva. Hacía un calor brutal.

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