Suite Croata: El turco misterioso (Rondó intrigante)

22 de Julio.- Las teorías se han desatado. Todos los días, al bajar a desayunar, nos espera el misterioso personaje. Es un hombre de unos setenta años, de aspecto cuidado y deslumbrante dentadura postiza. Entre zumbón e irónico, intenta establecer una conversación con los huéspedes soñolientos que van bajando a desayunar.
A mí, me caza el primer día porque, al sonar en el mortecino hilo musical “Unchain my heart” de Joe Cocker, sigo el ritmo con las caderas mientras me sirvo una taza de café. El hombre misterioso, que aprovecha cualquier descuido para el abordaje, me pregunta si he dormido bien y luego, antes de que me dé cuenta, me hace la ficha. Cambia de idioma (del inglés al alemán, me corrige el mío) y luego me participa que es turco, otorrino laringólogo, y que la opinión que le merecen sus compatriotras es más bien pobre. Tras esto, me anuncia que unos muniqueses han sido secuestrados por simpatizantes del PKK (Partido Comunista del Kurdistán) y se descuelga con una opinión sorprendente:
-Esa es mi venganza.
Después, hace un resumen para el aire de la posición europea a propósito de la cuestión Kurda y, finalmente, me comenta que los huéspedes del hotel donde nos alojamos son unos maleducados que no le dan los buenos días.
Yo, a todo esto, sonrío con mi taza de café en la mano y, como me siento absolutamente ignorante da propósito de las escaramuzas Kurdo-Turcas, le contesto algo abstracto y trato de huir a toda la velocidad que mi carga me permite. Pero es que, cada vez que voy a reponer existencias (zumo de naranja, mermelada, resecas rajas de ese embutido tacaño que es la carne y la sangre de todos los buffets de hotel) allí está él, sonriendo socarrón desde su posición estratégica, intentando cruzar una mirada para que el cruce sirva de excusa para entablar una conversación.
En una de estas, se escucha al viajreo solitario explicar que ha venido a Croacia porque está convencido de que la guerra estallará el día menos pensado. Qué guerra sea, parece que le trae al fresco. De momento, vaticina una cruenta civil entre las diferentes facciones que forman la hirviente política turca. Después, una mundial debido al petróleo, a la energía y a la molicie europea, que contrasta para mal, según él, con la agresividad de los fundamentalismos islámicos. El viajero parece haber vivido en todos los países europeos, de los que tiene una opinión elaboradísima (y generalmente mala) que se muere por exponer a quien quiera escucharle.
Así las cosas, por el comedor y la terraza se han extendido todo tipo de rumores:
-A lo mejor es un terrorista.
-Quizá es un espía –dicen otros-
-A lo mejor no es más que lo que parece: un otorrino zumbón con una ristra de divorcios a las espaldas. Una de esas personas que no han conseguido echar raíces en ninguna parte, establecer auténticos lazos. Uno de esos seres capaces de ese olvido consciente que consiste en hacer la vista gorda cada vez que, frente a nosotros, un ser querido comete un acto de evidente mezquindad o de maldad infantil.
Con los años, ese tipo de personas se tienen que conformar con abstractas conversaciones mantenidas con desconocidos. Se convierten en pobres de solemnidad que tienen que mendigar hasta la calderilla de un saludo matinal.
Las teorías se han desatado.

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