Un granjero de Burgenland debe decidirse por una de las tres beldades en el programa de la ATV “Bauer sucht frau”

Granjeros que buscan esposa (la tele austriaca)

30 de Julio.- Si hay que pensar que la tele que se produce en un país es, de alguna manera, el reflejo de la mentalidad de ese país, la verdad es que los austriacos, si se mira a su tele, salen bastante bien retratados. Como un pueblo serio, trabajador, en principio culto y, como en todas las partes en donde imperan estos valores, un tanto falto de pimienta.
La tele austriaca pública es la ORF, reina y señora de los televisores aborígenes hasta la aparición, hace relativamente poco, de una cadena privada, ATV (conocida como Atefáu, en lengua vernácula) a la que se ha unido ahora PULS 4 (Puls fia) que, según mis noticias, sólo se ve en Viena.
Mientras que la programación de la tele pública es de claro servicio público, con entretenimiento blanco, documentales fantásticos y seguidísimos, y unos servicios de desconexión regional que podrían remediar el insomnio de un rebaño de marmotas, las otras dos cadenas se dedican a halagar los bajos instintos de la población. Aunque, eso sí, esos halagos se encuentran a miles, pero miles, de kilómetros de distancia de los halagos que, a los bajos instintos, se le hacen en mi país de origen.
Por ejemplo, como ya he repetido muchas veces, aquí no hay telebasura. Salvo los tímidos intentos de la ATV de hacer corazón combinado con humor. El programa se llama Hi-Society y lo presenta un indivíduo listo y un tanto cínico que se llama Dominic Heinzl. El otro día, en el gimnasio, le leí una entrevista en el semanario Wiener, y saqué la impresión de que Heinzl es un tipo muy ingeligente. Se le notaba en que, a pesar de llevar una década o más lidiando con los hambrientos de notoriedad, no había perdido en ningún momento la perspectiva sobre el trabajo que hace y su importancia. O sea, que él es consciente de que habla todos los días de cantantujos de disco y medio, de actrices viejunas, de presuntas aristócratas reoperadas y de individuos con los tabiques nasales deteriorados por el polvo blanco.
En Austria no hay tampoco reality shows de los de edredoning (para mis lectores no españoles: edredoning, según feliz invención de una presentadora española, son todas aquellas prácticas sexuales en régimen de reclusión grabada que se hacen con la ayuda de un cobertor como protector del secreto de los amantes).
Se hizo un Gran Hermano, pero los austriacos, parece ser, no podían sufrir ver a tanto vago junto –a veces uno piensa que vive en un país lleno de zumbantes abejitas obreras- por lo cual, el GH se retiró de antena. Llegan, eso sí, las cadenas piefkes por satélite y en ellas sí que hay vociferantes arrabaleras de pelo teñido que se pelean con fulanos con antecedentes penales por ver quién limpia el baño o quita los pelos de la ducha, pero estos programas no cuentan porque el seguimiento que tienen es marginal.
Pero la perla, la joya de la corona de la tele austríaca es el ZIB, siglas de Zeit Im Bild, que es el informativo que ve la gente para saber de qué va la realidad del día. Un programa de realización más bien lenta, con presentadores de dicción purísima a decir de los entendidos –por lo menos más akzent frei que la de sus compañeros alemanes- y que huye del sensacionalismo como de la peste. O sea que en España, duraría dos días antes de caer en las manos de cualquier director de cadena desaprensivo.
En el ZIB hay gráficos que lo explican todo con pelos y señales, para abuelitas de las de tisanas con miel ; imágenes de archivo de cuando en Viena estaban de moda las bermudas tobilleras floreadas -¿O son actuales? Porque en Viena siguen estando de moda, extrañamente, las bermudas floreadas-. Se habla de economía con seso, y se hacen entrevistas a los políticos que son verdaderas entrevistas, y no publirreportajes –aunque hay que reconocer que el nivel de los políticos austriacos, como el de los de todas partes, ha descendido un tanto-; el ZIB tiene los mismos decorados desde los tiempos de los electroduendes y sus presentadores son unas gentes conocidas y admiradas y ellas, como Ingrid Turher, son conocidas como ZIB ladies y se llevan (claro es) los premios anuales con los que la industria televisiva austriaca se lame salva sea la parte.
Sin embargo, quien piense que la tele austriaca está libre de esperpentos carece de razón. Hay un programa en la ATV que se llama Bauer sucht Frau (Granjero busca esposa) que es algo así como los Realities raros de los que hablaba mi amable corresponsal montrealense. La mecánica es fácil: un fulano, en plano fijo, generalmente en una cocina super hortera –de las de sillón esquinero, ya me entendéis- dice que quiere encontrar una mujer que sea igual de alta que él, limpia y, a ser posible un cascabel en el lecho conyugal. Para convencer a las candidatas, se presta a hacer todo tipo de ridículos –grabados, eso sí, como si fueran completamente en serio- como por ejemplo, cantar en un karaoke solitario.
En algunos casos, como en el del video que encabeza estas líneas, la elegida hasta recibe un jugoso cesto de frutas. Bucólico y pastoril, pero inofensivo.

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