Los placeres y los días

6 de Agosto.- Tengo que confesar que no me gusta este mes. De un día para otro, la luz cambia, y empieza a adquirir la tonalidad melosa y un poco melancólica que anuncia el otoño. De momento, no es más que un rastro en el aire, un ligero frescor en el aire que antes no estaba. Pero en los escaparates ya hay ropa de manga larga y la vida empieza a pensar en volver a las tareas del resto del año. Para remediar esta repentina toma de conciencia de que lo bueno se acaba, aquí dejo algunas fotos de estos días pasados.
La primera, es de la Hermes Villa, en el Leinzer Tiergarten, lugar de retiro de la emperatriz Elisabeth y hoy reserva natural -no pudimos visitarla, sin embargo, porque estaba cerrada temporalmente-. La foto que dejo es de las estancias que, en su día, ocupaba la emperatriz.

El exterior de la Villa que se antoja modesto para el boato que se gastaban los Habsburgo.

Un barco transita por las tranquilas aguas del lago Neusiedl, momentos antes de que estallase una refrescante tormenta de verano.

La calle principal de Neusiedl Am See, población cuyas fiestas fueron este fin de semana pasado. Había atracciones y los tradicionales puestos de Langos, esas frituras austriacas, con sabor a ajo, que hacen las delicias de los niños y de los mayores.

El atardecer sobre la fertil tierra de Burgenland.

Al día siguiente, el domingo, estuvimos en la casa-museo de Freud. La foto pertenece a un detalle de la puerta de cristal biselado que da acceso al patio del edificio -por otra parte, una modesta casa burguesa-.

El verano siempre es propicio para el baño, y la verdad es que bañarse abre mucho el apetito. La imagen es de un restaurante a la orilla del Danubio. El Ufer Restaurant, creo que se llamaba.

Cerca, el bosque se preparaba para dormir. Esta foto es de una laguna del Lobau. Es la superficie que quedó después de la canalización del Danubio en el siglo XIX.

El lunes fuimos a Bratislava en Ferri, como ya dije. El barco sale de la Schwedenplatz y, mientras se abandona la ciudad, se pueden ver las barcazas ancladas en el Donaukanal. Como esta, que es una piscina para amantes del baño urbano.

En el Ferry, que va a velocidad de vértigo, se estaba fresquito y se podía tomar el sol casi sin darte cuenta de que te quemabas. En la imagen, un grupo de aborígenes -turistas había entremezclados también- que, ignorando el peligro de los melanomas, gozan de la caricia del astro rey.

La estela que iba dejando el barco era refrescante y espectacular.

Ya en Bratislava, y para escapar del bochornazo reinante, se impuso una parada técnica en la plaza mayor, en donde nos tomamos, entre pitos y flautas, casi un litro de líquido por cabeza.
Y como los eslovacos son una gente que empieza a gozar de las ventajas de la UE, se anuncian viajes a sitios exóticos y remotos, como esta Andalucía con Z de Zorro.

Por suerte, tras el calor, llovió e incluso las inertes estatuas parecieron alegrarse, como este soldado napoleónico (?) que se inclina inmóvil sobre este banco.


O este gracioso caballero de bronce, que guarda la entrada de un local que no fotografié porque era un poquito astroso.

Según un diagrama que había en el suelo, debajo de la torre que se ve en la foto, Madrid está a 1825 Km de Bratislava.

En la foto, una linda turista que se deja dibujar por un ceñudo (y barbudo) pintor bratislavense.

Y con esto y un bizcocho…Hasta la siguiente entrega. Aysss…

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