Perdí mi oportunidad de hacerlo el año pasado, cuando descubrí (demasiado tarde) que había dado una conferencia en el Instituto Cervantes de Viena.
Sin embargo, a través de las informaciones que contiene su libro “Una historia de la lectura”, no dudo en contarle entre mis amigos –aunque sólo sea por los buenos ratos que me ha hecho pasar- . He recuperado inesperadamente ese volumen contundente, lujosamente editado por Círculo de Lectores. Lo compré hace años, sin mucha fe, por cubir el cupo de un pedido bimestral con el que flagelaba mi frágil equilibrio financiero. Sin embargo, “Una historia de la lectura” se convirtió pronto en uno de mis libros favoritos y el profesor Manguel en uno de los modelos que aspiro a imitar en estos textos. Informativo, solvente, humorístico cuando hace falta, dispuesto siempre a romper la frialdad del dato desnudo con una anécdota autobiográfica, las páginas del libro se parecen a aquel puñado de clases inolvidables de semiótica aplicada que disfruté en la Universidad, impartidas por el poeta Jorge Urrutia. Un hombre capaz de convertir la materia más árida en fuente de un placer intelectual tan risueño como el cansancio que se siente después de una hora de jogging.
Para ilustrar el tipo de anécdotas que Manguel cuenta en su riquísimo libro, pondré un ejemplo: en el año 444, cuando murió el patriarca Cirilo de Constantinopla –un hombre que debía ser tan ferreamente antipático como intransigente- uno de los agudos obispos de Alejandría pronunció el siguiente elogio fúnebre:
Pero sobre todo, Manguel hace que recuperes el orgullo de pertenecer a una gens, la de los lectores que se pasean abrigados por el fresco bosque de los libros. Seres humanos que repetimos todos los días el humilde gesto de pasar una página y que, por hacerlo, a veces nos hemos tenido que enfrentar con la incomprensión de quienes no gozan de la inmensa suerte de escapar de sus vidas miserables disolviéndose por unos minutos en el mar de la palabra escrita.
Cuando, leyendo el libro, escucho a la buena de la abuela de Manguel decirle, al verle leer:

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