Hoy miércoles, Ainara, ha sucedido algo que quizá cambie el curso de la historia. De momento, ya puede decirse que tiene un fortísimo valor simbólico: esta noche, Barack Obama se ha convertido en el primer hombre negro que es elegido presidente de los Estados Unidos de América (país que, aunque de influencia menguante, sigue contando lo suyo en los destinos de esta pelota azul). Tú lees esto con una información de la que yo carezco al escribir. Sabrás si Obama fue un político eficaz o si todas las promesas con las que empieza su mandato se convirtieron en agua de borrajas.
De momento, déjame que te diga sin embaro que los europeos hemos recibido la noticia con euforia. Aunque no sólo nosotros: en Kenia, país de origen de la familia paterna del presidente electo, parece ser que se ha proclamado un jubiloso día de fiesta nacional-.
Como te decía los europeos, como el resto de los ciudadanos del mundo, hemos deseado, algo ingenuamente, que este hombre sea el político recto, decente e inteligente que el mundo necesita en este momento. Un político que palíe en lo posible los estragos cometidos por su antecesor, George W. Bush, un hombre cuya victoria olió a pucherazo orquestado por su hermano Jeb (el mismo que tuvo el cuajo de saludar al Presidente de la República Española durante una visita oficial absurdísima). Bush, decía: un personaje cerril y siniestro que ha hundido al mundo en un marasmo del que le será difícil salir. Aquí te pongo algunos ejemplos, tú sabrás cómo acabaron: una crisis económica que devora la estructura financiera mundial a ojos vistas, un par de guerras impulsadas por la avaricia y el fanatismo religioso. Bush ha sido un presidente que se rodeó de personajes tan miopes como delirantes (el español Jose María Aznar, el británico Toni Blair) que vendieron su alma al diablo por salir en unas fotos que los facturaron de cabeza a la infamia. Los tres, arrogándose la representación de un mundo al que no representaban, aportaron medios para llevar a cabo las sangrientas chapuzas del americano (así y no de otra forma es preciso llamar a las invasiones de Afganistán y de Irak, que han convertido la región en un charco de sangre que sólo beneficia a la industria armamentística).
El mundo mira a Obama con una ardiente esperanza, aún cuando todos somos conscientes de que, ante él, se abre un amplísimo catálogo de formas de meter la pata hasta el corbejón. Incluyendo la de dejarse matar, como ya ha ocurrido antes con otros presidentes que se atrevieron a sacar los pies del plato.
Esperemos que, cuando pasen los años, puedas decirme que este hombre vino para enderezar un poco lo que estaba torcido.
Besos de tu tío.

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