Información previa necesaria para leer este post: Profil es un semanario austriaco político, prestigioso equivalente a Época en España. Información sesuda y eso. Tendencia progresista.
Ayer, mientras sudaba, hojeé el Profil de la semana pasada en el que, aparte de hablarse del fallecimiento de Zilk, también venía un suelto que podría haberse titulado Excusatio non Petita (y lo que sigue).
Los redactores de Profil, con los mismos remilgos que una beata sorprendida en pleno retozo con el sacristán del pueblo, exponían las razones que habían tenido a lo largo de los años para no publicar ninguno de los insistentes rumores sobre la supuesta bisexualidad del difunto Jörg Haider. Rumores que, por otra parte, corrían libremente por los mentideros vieneses porque el difunto fue, en vida, de todo menos cuidadoso.
El recuento de las fuentes rechazadas era exhaustivo y variopinto. Desde un parroquiano de un conocido bar de ambiente, que decía haberse topado con Haider muchas veces en la interesada penumbra del local, hasta un profesional del sexo que aseguraba haber tenido con el político (entonces ascendente) más que un intercambio de impresiones.
La respuesta de los redactores de Profil a los indignados lectores que hubieran querido poner fuego en Haider do más pecado había, es todo un ejemplo de Real Politik y de ceguera voluntaria que mis ojos apenas pudieron creer.
Por supuesto, el argumento primordial era que en los países civilizados (y Austria, a diferencia de España, lo es en este aspecto) no se pueden publicar así como así informaciones que se refieran a la vida privada de las personas.
La parte central del suelto se dedicaba a desmontar algunos tópicos relacionados con el muerto.
Por ejemplo: “A pesar de que, en sus tiempos gloriosos, disparaba contra cualquier objeto móvil (inmigrantes, gentes de otras razas, izquierdistas, und so weiter) jamás dijo nada sobre los gays «–con sonrisa esquinada, los abonados a este tópico añadían: “ya se sabe: perro no come perro”-.
Para rebatirlo, los plumillas citaban el momento en el que Haider calificó a un grupo de sus oponentes como “Schwuchtel Partei” (en román paladino: Partido de Maricones) o cuando instó a los diputados del BZÖ a que abogaran sin tregua por el modelo de la Sagrada Familia del Pajarito, y denostaran públicamente, con toda la artillería a su alcance aquellas formas de convivencia que a Haider (y ahora, a Strache) le parecían incompatibles con las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia y el modo de vida occidental.
Por último, se acudía en el artículo a la voz de prestigiosos psiquiatras los cuales, usando medias palabras y cogiéndose el apéndice miccionador con papel de fumar- glosaban el ambiente de homosexualidad sublimada que impregna estas cohortes de defensores de la Europa aria e incluso se citaba a doña Elfriede (Jelinek), ese ejemplo de burbujeante buen humor, quien, en declaraciones suministradas a un medio fuera de Austria, se había atrevido a mezclar en la misma frase las palabras “fascista” y “homosexual” refiriéndose a Haider y a sus burschen, a los que acusaba de imitar a los guerreros de la legión tebana, cuya camaradería dentro y fuera del cuartel penetró en la leyenda milenios atrás.
Al cerrar la revista yo pensé que el artículo era una muestra de cinismo, porque la excusa de la autodenfensa no era más que una estratagema para poder poner en la portada una foto del muerto cabizbajo y un titular con el fin descarado de elevar las ventas, todo de un gusto y una ética tan dudosa como si, en vez del recatado reclamo que quedó al final, hubieran escrito en grandes letras rojas: Confirmado: Haider era igualito que los palomos minusválidos.

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