(No es que me haya dado por los dibujos animados: es que la búsqueda «peligro nuclear» daba unas imágenes que ponían los pelos como escarpias)Esto de la energía nuclear es un tema que Austria, en su momento (primeros ochenta, si no recuerdo mal) y mediante referendum, dejó bien claro. Nucleares nein, danke.
Sin embargo, y generalmente con ocasión de un aniversario redondo del guateque de Chernobil, las revistas nos ponen el cuerpo malo recordándonos la cantidad de Chernobiles potenciales que nos rodean. Todos situados en esos países en que, si los tranvías son de hojalata, es mejor no imaginarse con qué materiales de chichiná hacían los reactores nucleares. Pavorosos gráficos en los que se explica que, de ocurrir una catástrofe, las radiaciones dejarían la torre Eiffel hecha una bengala fosforescente.
Ya tuvimos el año pasado un susto con una central eslovena que tuvo una fuga. Y sí: nos dijeron que no había pasado nada, que incidentes como aquel ocurren hasta en las mejores familias (de reactores) pero los de Milka, por si acaso, ya están mirando lo de la publicidad, por si en los Alpes salen terneritos con cinco patas (colega, da miedo hasta hacer coñas con el tema).
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