20 de Enero.- A veces se me ocurre que, cualquiera que lea este blog puede pensar dos cosas: a) que me paso la vida planchando o b) que me estoy preparando para protagonizar un remake de „días de vino y rosas”. Pero no todo son alcoholes en la vida del escritor de blogs (es más: lo de menos son los alcoholes). Así que, para quitarme de encima esta imagen de escritor frivolo que me estoy forjando trataré hoy un tema sesudo.
Me pasa siempre que, cuando algo me sorprende de Austria, intento trasponerlo a España y, la verdad, la mayoría de las veces me lo paso chachi pensando, por ejemplo, en cómo sería la cosa si la gente fuera a la tele vestida con el traje típico de su región ¿No es verdad que ganarían los gritones concursos televisados si la gente, en vez de vestir chándales rojo tomate o amarillo pollo fueran ataviados de huertanos o de lagarteranos? (aquí he visto yo con estos ojitos ir a la tele a gente con pantaloncetes de cuero). Pues ayer, Señor, viendo yo fotos de ese concierto preinvestidura de Barack Obama, me imaginaba yo que sucedería si, al ganar un político español unas elecciones (ni digo qué político ni mucho menos me atrevo a vaticinar la fecha de los comicios) se organizara una party similar en un lugar céntrico de Madrid. Qué pasaría si Marta Sánchez (esa Beyoncé española) cantara “Suspiros de España” o, más neutra, entonara una versión R&B de “Soldados del Amor”, ese himno lujurioso-pacifista que sirvió para levantar la moral de nuestras tropas en el Golfo Pérsico.
Puedo imaginarme a ese realizador fundiendo la imagen de Marta (rostro arrasado en lágrimas cantando lo de “Soldados sin Batallá”) con el pedazo de banderón ondeante de la plaza de la Biblioteca Nacional.
¿Y el título del espectáculo? En Estados Unidos se ha llamado “América the Beautiful” (como esa canción por cierto que, a la mínima, cantaban los fornidos bomberos neoyorquinos cuando lo del 11-S) ¿Cómo podría llamarse en España? Sólo de pensarlo, una color se me va y otra se me viene.
Es muy de agradecer que, en Europa la vieja, el artisteo no vibre de emoción con la política más que en sus círculos privados. Lo agradecen, sobre todo, los otorrinos, como es natural. Sin embargo, sí que sucede a veces que los políticos vibran de emoción artísitica y se ven en el impulso irresistible de participarle al pueblo la altura de sus logros. A todos nos viene a la mente el caso de Silvio Berlusconi que, como un Totto Cotugno redivivo, guitarra bajo el sobaco, atorra desde hace años a sus sufridos connacionales. Ahora, que en Austria llevamos también lo nuestro pasao. Júzguese nuestro sufrir por el vídeo que dejó grabado Haider antes de morir de la forma que todos conocemos, y compárese con el de Hansi Hinterseer que encabeza estas líneas ¿No son conmovedoramente idénticos? A ver cuando los políticos españoles se nos animan, que está la vida nacional muy sosa.
Deja una respuesta