Mama, chicho me toca

mama chicho me toca

26 de Marzo.- Di que la otra noche, después de ver “Der Knochenmann”, nos fuimos a un bar con Karaoke. No por nada, sino porque dicho bar era el que pillaba más cerca del cine, y nosotros somos como Garci: una peli sin cervecita y sin comentario posterior es como un árbol sin blumen. Aunque sea a horas inhóspitas, como aquel día.
Éramos tres: M., mi primo N., y este servidor de todos sus lectores. Mientras hacíamos sesudas observaciones sobre la materia prima del Gulasch, pudimos comprobar la veracidad de ese axioma que dice que donde hay un karaoke hay un friki. En nuestro caso, dos. Que se turnaban para destripar los éxitos de ayer, de hoy y de siempre del pop aborígen (y cuando digo pop digo también Herbert Gronemayer, que es al pop lo que las marchas fúnebres son a la música disco).
Pues bien: resulta que, entre interpretación e interpretación de nuestros frikis, el sufrido barman (uno de los tipos más feos, por cierto, que yo haya visto nunca) pinchó Honesty, de Billy Joel. Y yo, claro, me aclaré la garganta, me crují los nudillos e interpreté sin karaoke ni nada dicho jitazo de este divo (de ascendencia viení, por cierto).
El camarata, con lágrimas en los ojos, acudió a nuestra mesa y me pidió (¡Qué digo me pidió! Me imploró) que les arrebatase el micrófono a los frikis.
Yo, sintiéndolo mucho, le contesté como Raimunda/Penélope en Volver:

-No puedo, lo siento. Me es remotamente imposible.

Porque es que yo, a pesar de que, dado el frikinivel podría haber hecho un buen papel sin mucho esfuerzo, con esos chismes soy incapaz de cantar. No me apaño.

Esta mañana, en el tranvía, reflexionaba yo sin encambio en que canto mucho. Lo malo es que no controlo mi karaoke mental y lo mismo me da por la chanson, que por Serrat, que por Juanito Valderrama que por las mamachicho. Gracias a Dios que un pueblo soberano que, como el austriaco, escucha lo de Johanna du Geile Sau (Johanna, cerda cachonda) sin provocar revueltas populares, no hace distingos. Vamos: que lo de las mamachicho les parece un sedoso murmullo de querubines.

Si no, yo creo que peligraría mi integridad física, fíjate lo que te digo.

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