Una vez al año, ser hippy no hace daño

¿Llegará pronto en Austria también el día menos pensado?


19 de Mayo.- (siempre he querido escribir un post con ese título). En fin: eso es lo que han debido de pensar los miembros más conservadores del Gobierno austriaco –Frau Justiz Ministerin incluida-.
Como todos los años, llegando el verano, se oyen rumores de que, con las uvas del año que viene, entrará en vigor en Austria la ley que permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo (y no sólo el matrimonio, sino también la alegría tributaria y la herencia). Una norma que muchos esperan como agua de este mes en el que estamos (los gays, sobre todo) pero que otros ven con recelo –la masa conservadora del país, que aquí no es precisamente moco de ganso-.
Los comentaristas políticos más faldicortos ya han desempolvado su cajita de los tópicos y lo mismo animan a la ministrada a romper tabúes poniendo como ejemplo a la “católica España” (esa expresión que, en las mentes austriacas evoca instantáneamente una procesión nocturna de inquisidores con hachones encendidos) que se curan en salud diciendo que ellos están por la igualdad de derechos, pero que lo de darle niños en adopción a esa gente que va a la compra con plataformones de lamé de plata es un sindiós.
El calendario que se baraja sería, como ya digo, aprobar la norma después del verano para que entrara en vigor al próximo toque de la Pummering. Así, se habrían celebrado ya las elecciones locales en los länder que controla el Partido Conservador y el cumplimiento de su deber legislativo (UE dixit) no les afectaría tanto en las urnas.
También, como todos los años (alle Jahre wieder) los comentaristas faldicortos antes mencionados dicen saber de muy buena tinta lo que habrá escrito en el papel que el Gobierno propondrá al Parlamento del Ring.
Aquí, la madre del cordero es la adopción de niños. Parece haber consenso en que se les darán a los gays todos los derechos de los que disfrutan las parejas heterosexuales menos el de adoptar niños en común –en solitario ya pueden teoricamente, siempre que mantengan cuidadosamente oculto el hecho de que viven en pareja-.
Probablemente, los miembros del gobierno Faymann y con él su masa de votantes, teman que los gays, dado su conocido objetivo de socavar las bases de la sociedad y de la familia c.D.m. (como Dios manda) intenten copar las listas de solicitud de adopciones y que, una vez obtenida la paternidad y la maternidad fingiéndose homosexuales inofensivos (¡Ay, esas lobas con piel de cordero!) se dediquen a regalarles a los niños kits de maquillaje de la señorita Pepis y a las niñas camiones y Action Mans, al objeto de convertirles a su perversa religión.
(¿No es eso, después de todo, lo que piensa el decimosexto de los Benedictos?)
Es muy probable sin embargo que, después de todo (como todos los años) el asunto se quede atascado en algún escritorio hasta el año que viene. De momento, sin embargo, ha habido hoy una buena noticia.
Según han informado hoy los noticiarios austriacos, las personas del mismo sexo que se dediquen a hacer picardías debajo del mismo techo y que lo demuestren con documentación (certificado de empadronamiento al que no será necesario adjuntar fotos comprometidas), podrán compartir cartilla del Seguro Médico (lo cual es muy práctico por ejemplo, cuando uno de los presuntos activistas anti familia c.D.m. no trabaja).
La norma no ha sido pensada exactamente para contentar al públigo gay, es cierto, sino para que puedan estar aseguradas las personas que compartan el mismo techo aunque no estén casadas. Lo de los gays se ha añadido como una limosnilla (por amor de Dió).
A ver si Él quiere de una vez y, como decía un amigo mío español, este año, por fin, el Gobierno austriaco se deja de paños calientes y llega por fin “el día menos pensado”.

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