Sobre los ángeles

Bruno Ganz en la primera secuencia de El Cielo Sobre Berlín

24 de Junio.- Cuando éramos pequeños (o no tanto) cantábamos lo de ya llegó el verano, ya llegó la fruta, y, al que no se agachase, le amenazábamos con pensar mal de la profesión de su madre.
Pues bien: a la dulce Austria ha llegado el verano (como al resto del hemisferio norte, por otra parte) pero de calor, nasti de plasti. Más bien al contrario: ayer, el Museo Albertina tuvo que ser desalojado debido a una inundación (lleva sin parar de llover varios días) y en la zona del Wachau, a muchos lugares sólo se puede acceder a nado.
En fin, paciencia.
La otra tarde, tras la excursión al Schallaburg (muy recomendable, de nuevo lo digo, la exposición sobre Napoleón y los paisajes circundantes) disfruté con un regalo de mi primo N. y de su mujer. Se trataba de una peli que no hacía, literalmente, décadas que no veía: El Cielo Sobre Berlín (Der Himmel Über Berlin) de Wim Wenders.
Mi primer pensamiento fue: ¿En qué estaba pensando mi primer profe de alemán cuando nos la puso a palo seco? (eran los tiempos del VHS, no había subtítulos). Mi profe, Daniel Löwinger, era un afable suizo (quiero suponer que nos enseñaba Hoch Deutsch, porque el alemán que hablan los suizos se las trae) y la peli, en muchos tramos, está hablada en impenetrable dialecto berlinés (a mí me costó seguirla). ¿Esperaba el bueno de Dani que aprendiéramos algo? ¿Nos deseaba una dosis de frustración que nos enseñara que para alcanzar la fama hay que aprender a sudar? Es difícil saberlo.
El caso es que yo entonces no conocía a Bruno Ganz y de Peter Falk tenía la lejana idea de haberle visto en Colombo, pero la belleza de la película, tan diferente de cualquier film al uso, me cautivó tanto como el domingo cuando la vi de nuevo (algún condiscípulo mío de entonces, mucho menos vulnerable a la maravillosa fotografía en blanco y negro y a los líricos movimientos de cámara, aprovechó para echarse una siesta).
El segundo pensamiento que tuve fue que Bruno Ganz, a pesar de que en la peli interpreta a un ángel bueno, da mal rollo.
En 1987 faltaban veinte años para que Herr Ganz se cubriese de gloria haciendo de Hitler en El Hundimiento. Pero supongo que, al hacerla, el ilustre actor alemán no contó con que su impresionante creación del tito Adolfo contaminaría sus trabajos pasados y futuros. Y no para bien.
Y así, cuando uno ve a Ganz en El Cielo Sobre Berlín, una parte de su inconsciente no puede dejar de pensar que, en realidad, lo que al ángel le está pasando por la cabeza es dejarse de tonterías e invadir Polonia. Y es que, señores, esa manera de andar, esa voz empastada, ese corpachón, esos dedazos como salchichones y esa dentadura pequeña y algo carnívora que tiene Herr Ganz, serán para mí, y para siempre, más hitlerianas que las del propio Hitler.
Lo más bonito de El cielo, sin embargo, y en mi opinión, es que consigamos creernos que hasta un sitio positivamente feo, como los extrarradios de Berlín, pueden ser una sucursal del cielo. Esto se debe en gran parte al trabajo del cámara, un francés que también filmó La Bella y La Bestia de Cocteau. Los efectos especiales son tan hermosos, tan de cine mudo, que le aportan a la película un encanto adicional.
En resumen: yo no sé como aquel condiscípulo mío terminó roncando. Quizá es que el ángel que tenía más cerca de él, presto a confortar su alma, le relajó demasiado. Si no, no me lo explico.
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