15 de Noviembre.- Ayer, como todos los años por estas fechas, se inauguró el mercado de navidad de la Plaza del Ayuntamiento de Viena. El lugar estaba abarrotado de curiosos que venían a presenciar el acto de encendido del abeto y a escuchar las melodías de las dos bandas de música que amenizaron la noche invernal.
La simbología navideña más tradicional llena los puestos de ponche y vino caliente especiado (que ayudan a que te olvides del frío con muy pocas dosis) e incluso está en la augusta arquitectura del edificio neogótico junto al Ring.
Este año, el abeto de la Plaza del Ayuntamiento vienés viene de la población de Gurk (espero haberlo escrito bien). En el estado de Carintia. Por eso la banda de música del pueblo estuvo encargada de tocar unas cuantas piezas al pie de un árbol que fue un plantón durante los últimos años del emperador Francisco José, cuyas ramas pasaron por los inviernos y veranos de la Segunda Guerra Mundial y que hoy sirve para que los niños mediten a sus pies sobre los regalos que le pedirán al niño Jesús que, en Austria, es el que trae los regalos.En la foto, dos señoras de Gurk, vestidas con el traje típico de la región, dando vasitos de schnaps a cambio de un donativo para los músicos.
Pero los mercadillos navideños son, sobre todo, una oportunidad para echarle un ojo a los caprichos que uno espera darse o que le den.
Y también (why not) para darse un gustazo con alguna de esas manifestaciones de la gastronomía centroeuropea que son la pesadilla de cardiólogos y endocrinos.








Deja una respuesta