Große Liebe o la arrastrada vida de la novia de un oficial de la Luftwaffe

Zarah Leander interpreta “Ich weiss es wird einmal ein Wunder geschehn”

 

8 de Enero.- Tras un baño de multitudes en una de las zonas más concurridas de Viena, tarde cultural pero un poco friki. “Grosse Liebe”, una película con Zarah Leander que se rodó en 1941, en plena guerra mundial y que en su momento fue famosísima (la vieron 27 millones de personas en toda Europa).

La actriz sueca Zarah Leander se convirtió en la máxima estrella de los estudios UFA de Berlín, quizá solo igualada por la húngara Marikka Rökk. Con su voz gutural, sus largas miradas lánguidas y su inconfundible parecido con Greta Garbo, la Leander protagonizó una serie de películas de evasión que la hicieron famosa por toda la Europa del eje. Sin embargo, y a pesar de hacerlo, Zarah Leander no fue nunca una nazi convencida (probablemente, era demasiado inteligente). Hay una anécdota que, a mi juicio, la retrata a la perfección.
Como es vox populi, Joseph Goebbels se beneficiaba a varias actrices de la plantilla de la UFA y, en un momento dado, intentó llevarse al huerto a Frau Leander. Como la sueca le daba calabazas constantemente (un poco como nuestra Penélope en “La niña de tus ojos”), Joseph Goebbels decidió jugar la carta de su poder ommnímodo en aquel reino totalitario.
Un día, entre toma y toma, se acercó a la diva del círculo polar y tras saludarla, zalamero, dijo, como quien no quiere la cosa:
-Zarah, Zarah…¿No es ese un nombre judío?

A lo que, sin inmutarse, contestó la Leander:
-Joseph, Joseph…¿No es ese un nombre judío?
Con lo cual el todopoderoso ministro tuvo que envainársela (dicho sea en sentido totalmente figurado).
“Grosse Liebe” fue el primer papel que Leander desempeñó en una película que se desarrollaba en la actualidad de entonces (hasta aquel momento había encarnado a torturadas mujeres en dramones históricos). Leander encarna a una diva de la chanson que, durante una alarma antiaérea, traba relación con un oficial de la Luftwafe (en esta película hay esvásticas a cascoporro). El oficial, sin embargo, se debe a su puesto en la milicia, y la abandona después de un encuentro apasionado –si merece la pena esta película es por la elipsis narrativa que lleva a Zarah del bombardeo al dormitorio-. Se suceden los inconvenientes para la pareja protagonista –incluida tournee de Zarah por los países ocupados por el eje y una escena -superbestia porque está hecha en serio- en la que ocupan un lugar prominente varios oficiales de las SS y algunos mutilados de guerra. Hasta que por fin, en un sanatorio de los Alpes, la Leander y su maridus interrutpus –intentan casarse varias veces a lo largo del metraje- se prometen vivir juntos los días de permiso sin pensar en el futuro.
Dos cosas más: para darle un poco de emoción a la cosa, hay un amago de triángulo con un actor austriaco: Paul Hörbiger (una de cuyas hijas, Christine, es una actriz muy famosa aún). Pues bien: Paul Hörbiger es el portero que muere atropellado en “El tercer hombre” (lo que es la vida).
En “Grosse Liebe” figura también de manera prominente una canción, “Ich weiss es wird ein mal ein wunder geschehn”  que fue el equivalente alemán del “We´ll meet again” de Vera Lynn. A pesar de que esta canción fue utilizada como melodía de propaganda por la Alemania nazi, la verdad es que nunca hubo tal. A su autor, Bruno Balz, se le ocurrió la letra mientras estaba preso en la cárcel de la Gestapo, por homosexual (el pobre).
El conjunto de la peli es un poco frío, y sólo se salva porque Zarah Leander era una actriz que, en contra de lo que pudiera hacer suponer su ascendencia nórdica, resulta muy cálida en pantalla. La propaganda y el amor casan mal, ya se sabe.
Por cierto: la calificación de la película es “para mayores de dieciocho años” y se entiende: la escena de los oficiales nazis cantando en el París ocupado es un poco fuerte si uno no es mayor de edad.
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