Carmen

Erwin Schrott canta la canción del toreador que bordó ayer en la Scala

8 de Diciembre.- Ayer fue una noche de viernes en lunes. Las aceras húmedas, la oscuridad, el anuncio de un día festivo que es más comercial que otra cosa, no invitaban a salir. Así que, debajo de una manta, estuve viendo una de mis óperas favoritas: Carmen, de Georges Bizet.

La retransmitía Arte desde el teatro Alla Scala de Milán. En directo vía satélite. Dirigía la orquesta el argentino Daniel Baremboim, y el papel de Carmen lo interpretaba la soprano georgiana Ania Rachvenlishvili, una desconocida, que había hecho pruebas para Frasquita, una de las amigas de Carmen, si no recuerdo mal. A mí me gustaron mucho el Don José, Kaufman, pero muchísimo, Escamillo, el barítono uruguayo Erwin Schrott (que es el marido, por cierto de Ana Netrebko); que tiene un dominio del escenario como yo no había visto en mucho tiempo (por más que cuando llamaba a Carmen “Carmensita” le salera un acento tropical del que el selecto público de la Scala no podía estar al tanto).
Lo que más me gusta de Carmen es que, como función de teatro, es redonda. Particularmente hasta que Don José y Carmen se quedan solos por primera vez en la taberna de Lilas Pastia. A partir de ahí, quizá por el montaje que yo vi ayer, la tensión decae un poco. Pero hasta ahí, Carmen es tan fresca y tan ágil, como cuando la estrenaron en la Opera Comique de París. El engranaje de los personajes está tan bien delineado, a pesar de los tópicos que, desde que Don José y Carmen se encuentran, empezamos a oír los primeros truenos que anuncian la tragedia. Carmen, por otra parte, es un papel muy difícil. No sólo vocalmente, sino también desde el punto de vista físico y aún actoral. Carmen es una de las pocas óperas en las que el personaje protagonista está en el escenario practicamente toda la obra. Y eso, para un cantante, es un reto. Pero es que, además, es un personaje de mucho peso, porque Carmen es el paradigma de la seducción. Se supone que es una persona que arrastra a otra a dejarlo todo por una pasión sexual intensa. Es una mantis. O sea, que, para que la obra no se convierta en una caricatura, la cantante que encarne a Carmen tiene que tener unos mínimos requisitos físicos (Monserrat, cariño, tú no hubieras podido).
Ayer, a mí no me gustó tanto Micaela, porque la cantante que la interpretaba se pasó un pelín dando la inocencia (que es el contrapeso del desgarro de Carmen) y la verdad es que quedaba bastante cursi. Pero el montaje en general me pareció moderno pero con sentido del humor. Lo pasé bastante bien, como quien recorre un parque que, no por mil veces andado, le sigue ofreciendo nuevas sorpresas.
Articulo publicado en Uncategorized con las etiquetas: . Guarda el enlace permanente.

4 Responses to Carmen

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.