Que no panda el cúnico


 

9 de Diciembre.- Querida Ainara: es un viejo tópico el que dice que las personas demuestran la pasta de que están hechas cuando la vida les pone en dificultades. No hay que tener miedo de ellas,  porque los problemas tienen dos virtudes: nos ayudan a apreciar los momentos de calma y de felicidad (concepto huidizo que es personal e intransferible) y, naturalmente, nos ayudan a crecer.
Por suerte, no me he tenido que enfrentar a muchas situaciones irreparables (aún, pero soy consciente de que el día llegará); sin embargo, quisiera compartir contigo algunas recetas que he ido desarrollando a lo largo de los años para enfrentarme a los problemas. Esta carta tiene, quizá más que otras, una finalidad utilitaria.
Frente a los problemas, yo siempre he sido “el del catering”. O sea, que tiendo a olvidarme de lo que me pasa a mí y a ocuparme de los que tengo alrededor. No te engañes, que no es esta una manera de proceder demasiado generosa. Sino todo lo contrario: una de las más egoístas. Porque, ocupándome de cómo están los demás, me olvido de mí mismo. Si tú también eres de las que, ante una crisis, tiende a ocuparse más de los demás que de ti misma, te diré que tendrás una desventaja: cuando todos hayan salido del duelo, estarás entrando tú. Serás una triste a destiempo. Nadie suele ocuparse de esa gente, con lo cual tendrás, probablemente, que apañártelas sola.
También es muy importante poner en práctica la estrategia “como si”. Esto es, actuar “como si” no pasara nada. En lo posible, claro. Darle a los demás una imagen de calma contribuye muchísimo a que la situación se relaje y a que los recursos que, normalmente, se van en nervios, se enfoquen hacia algo positivo. Esta estrategia tan útil, Ainara, está al alcance de todo el mundo. Tu madre la ha utilizado muchas veces. Cada vez que te has caido en el parque y te has puesto a llorar. Los seres humanos tendemos a incorporar la calma ajena y nada hay más tranquilizador que escuchar a alguien próximo decir o bien que no pasa nada o bien que lo que pasa tiene arreglo.
Conseguir mantener la calma en los apuros es el primer paso para encontrar una solución (si la hay) o para empezar a asumir el problema. En según qué situaciones el pánico es tu peor enemigo. Además, conseguir tranquilizar a los demás tendrá sobre ti una virtud sedante también. Descubrirás, como yo he descubierto, que mantener a los de tu alrededor relajados y funcionando también te tranquilizará a ti.
El cómo dependerá de cada caso, pero he aquí algunas buenas ideas: hablar despacio y en un tono de voz normal, el contacto físico (está demostrado científicamente que las caricias activan centros neuronales que nos producen placer y relajación) y, sobre todo, el humor. Nada hay más relajante que reirse de una situación que nos angustia.

Yo soy un firme creyente de que al mal tiempo hay que oponerle (stricto sensu) la mejor cara posible.
Besos de tu tío.
Articulo publicado en Cada miercoles, escribeme una carta. Guarda el enlace permanente.

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