Merienda de blancos

El ministro Pröll en halagüeña pose

15 de Diciembre.- Como Quevedo, uno mira los muros de la patria suya y los ve llenos de pintadas, la mayoría bastante necias. Ayer, casi se me pone el pelo blanco cuando leí que una conocida estatua capitalina, a cuyo pie yo he sido novio y servidor del amor, “había sufrido una profusa restauración”.
Considerando que sufrir es lo que todos sabemos y que profuso significa “abundante, copioso” o bien “prodigado superfluamente” (DRAE), está claro que el que escribió el artículo le tenía bastante manía a la efigie de Colón.
Por suerte, el alma se serena bastante cuando uno comprueba que la inepcia no es patrimonio exclusivo de los habitantes de Celtiberia, sino que está regularmente repartida por el planeta.
Durante los últimos días, semanas, diría yo, han menudeado los titulares en los periódicos a propósito del zipizape bancario que el difunto Haider dejó tras de sí al abandonar este valle de lágrimas.
Grandes letreros del tipo “El rescate del Alpe-Adria costará a cada ciudadano X miles de Euros” han hecho que los preocupados ciudadanos de esta República se tentaran la ropa (especialmente el bolsillo) con muchísima preocupación.
Ayer, por fin, se llevó a término la toma de control del banco por parte del Estado Austriaco que, como decían en mis tiempos los comentaristas del Pressing Catch “se dolió”. Más que nada por el chorro de millones de jEur que van a tener que inyectarle a la maltrecha entidad financiera para que no quiebre.
Como siempre que sucede algo de esto (por suerte, no mucho) la ORF sirvió de escenario para las explicaciones.
El ministro de hacienda austriaco, Herr Joseph Pröll, acudió al plató del informativo más visto a este lado de los Alpes para, más cabreado que un indio, explicarle a los contribuyentes lo que habían tenido que hacer para que el frágil (pero saneado) sistema financiero austriaco, no se fuera a hacer puñetas.
Hecho un Júpiter tonante, tachó al gobierno de Carinita de “irresponsable” y dijo que tenía “die Nase voll” (o sea, que estaba hasta las narices) de las declaraciones que los gobernantes de esta parte de Austria habían hecho tratando de escurrir el bulto de su responsabilidad.
“Han colmado la medida” dijo, con esa cólera que a veces se gastan los obesos. Y explicó que, a través de todas las tensísimas negociaciones que habían tenido lugar hasta bien entrada la noche anterior, los gobernantes de Carintia no habían conseguido ver el gravísimo cariz de los problemas que amenazaban no sólo a su land, sino a Austria entera.
La rociada gubernamental tuvo su guinda en el espacio siguiente: una mesa redonda a la que estaban invitados un representante del Partido Socialista, el propio Pröll, un experto alemán y un alto cargo del Estado de Carintia. Moderó la cosa la simpar Ingrid Turnher, que anoche demostró que puede ser la presentadora más borde del universo.
A mí me dio lástima el político de Carintia, la verdad. Contrastaba su aspecto con el de los otros invitados (él sin corbata, uno de los otros incluso con pajarita). Desde el principio estuvo claro que había ido allí nada más que a dar la cara para que se la partieran. Para que mis lectores se hagan una idea, este hombre era un cejijunto granjero de los de Central Lechera Asturiana contra un trío de tecnócratas que hablaban una jerga que él hubiera tenido la obligación de entender pero de la que, desgraciadamente, no cogía ni palabra (yo entendía más, y eso que soy uno de esos extranjeros que él tanto odia oficialmente).
El colmo fue cuando le dejaron meter baza y soltó de carrerilla aquello de que “hoy (por ayer) es un gran día para Carintia porque hemos salvado el Alpe-Adria y hemos conservado todos los puestos de trabajo”.
La Turnher, se volvió ágilmente y le dijo:
De momento: porque están por verse los recortes que habrá que hacer para que el banco no se hunda.
El otro puso cara de un niño que, obcecado, no quiere dar su brazo a torcer.
Los otros pasaron ampliamente de él.
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