Landa y mi padre

Alfredo Landa en la foto de la portada del libro

30 de Diciembre.- Querida Ainara: mi amigo M. y yo compartimos muchas noches de barra y pista y, una de las cosas que más nos entretenía mientras esperábamos al amor de nuestra vida, era imaginar y partirnos de risa después con lo que habíamos imaginado. Una noche, nos dio por inventar dúos de artistas imposibles –lo que los cursis y los horteras llaman “duetos”- y quizá fuera por cierto exceso de alcohol en sangre nos vino a la cabeza que hubiera estado fenomenal una noche de los Grammys en la que hubieran cantado codo a codo, micro a micro, Cher y Lola Flores. Sólo de pensar en La Faraona cantando lo de “Do you believe in life after love” nos hizo a los dos llorar de risa. Aunque, por una extraña afinidad, es cierto que Cher y Lola hubieran hecho una gran pareja artística y que, probablemente, el público de esa noche de los Grammys que nunca podrá ser (¡Ay!) se lo hubiera pasado de miedo.
Hace dos días, en el avión que traía mis restos a Viena, tuve el mismo relámpago leyendo un libro. Se llama “Alfredo el Grande” subtitulado “Vida de un cómico” y son las memorias, más o menos asistidas, de Alfredo Landa. Sin duda, uno de los grandes actores que ha dado el país en los últimos cincuenta años. En el primer capítulo de libro, Landa explicaba que le hubiera encantado hacer La Vida de los Otros, una de mis películas favoritas. De pronto, me di cuenta de que, a pesar de estar separados por miles de kilómetros, por años luz culturales, Alfredo Landa y Ulrich Mühe, el actor que encarnó al protagonista de LvdLO, estaban unidos por una misma sustancia interpretativa y no me costó nada imaginarme al Alfredo Landa de Los Santos Inocentes con aquellos cascos de espía, o en el bar en donde suena “Wie ein Stern” (por cierto una de mis canciones alemanas favoritas) diciéndole a la actriz jaquetona y un poco emputecida que su público la adoraba.
Leyendo el libro me di cuenta de otra cosa que quizá te interese más.
En casa, siempre hemos coñas con el hecho innegable de que tu abuelo y Alfredo Landa son como dos gotas de agua (quizá de jóvenes más que ahora). Quizá porque los dos sean del tipo físico español más normal. O sea, hombres más o menos bajitos, morenos, y con cierta tendencia a la cólera ante la injusticia.
Leyendo el libro me di cuenta de que Landa y tu abuelo se parecen más que físicamente.
De lo que dice el libro se desprende que tanto el actor como tu abuelo pertenecen a una raza de currantes de las que ya no quedan. Y no sólo eso: los dos pertenecen a esa clase de personas cuya devoción por los suyos es uno de los pilares de su carácter y una de las directrices de su vida.
A tu abuelo, Ainara, y tú te darás cuenta, da gusto mirarle hacer una tortilla de patatas. Por la finura y el amor con el que hace todos los gestos humildes de la cocina. Y no es ningún secreto que, por nosotros, por cualquiera de nosotros (últimamente más por ti, quizá porque te ve más nueva, más vulnerable) se dejaría despellejar.
Tu abuelo, lo mismo que Landa, vive siempre con la conciencia de que, lo que hoy va de miedo, se puede ir mañana a hacer puñetas en cuestión de décimas de segundo y que, por eso, hay que tener siempre preparado un plan B. Es previsor y cuidadoso hasta la manía y eso es algo que, para los inexpertos en el negocio de la vida, podría hacerle parecer temeroso o cobarde. Y sin embargo, es todo lo contrario: hay una gran valentía en mirar a los ojos a las dificultades y en tratar de plantarles cara con la fuerza de los propios brazos.
A lo largo de mi vida hay pocos ejemplos que me hayan guiado tanto (y que tanto me hayan servido). A tu abuelo no se le ha oído nunca decir una mala palabra sobre nadie. Es la discreción hecha persona. Su lema es que la mejor palabra es la que se te queda dentro del cuerpo y es de una generosidad tal que le da igual los sacrificios que tenga que hacer para que su familia esté lo mejor posible dadas sus posibilidades.
Pero, lo mejor ¿Sabes qué es? Que todas estas cosas las hace con naturalidad, como si fueran cosas que cualquiera podría hacer. Y no se da cuenta de que, en realidad, hay muy pocas personas como él.
Besos de tu tío.

2 comentarios en «Landa y mi padre»

  • el enero 1, 2010 a las 8:15 am
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    Me he quedado en estado de shock: no me imagino, por más que lo intento, a Cher con bata de cola ni a Lola Flores cantando en inglés.

    En fin, feliz año nuevo.

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  • el enero 2, 2010 a las 9:48 pm
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    Hola!

    La risa era Lola Flores cantando en inglés. Qué pena que por escrito no se pueda reproducir.

    Feliz 2010 para ti también 🙂

    Respuesta

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