Los crímenes de Oxford: el asesino era el doblaje


2 de Enero.- Alex de la Iglesia es un director que amasó su reputación con El Día de la Bestia y que, luego, con una extraña coherencia, ha insistido en el mismo estilo adolescente –adulescente- que reclama la parte principal de su público: ese tipo de gente en la treintena cuyo lema parece ser “No sin mi wii”.
Sus comedias parecen buscar ser una prolongación del cine español industrial de los sesenta y los setenta –lógicamente, puesta al día en temática y técnica- e, incluso, le gusta darle papeles secundarios o de un protagonismo coral a algunos intérpretes que hicieron su fortuna cuando Franco dirigía el país con su mano temblorosa por el Parkinson.
Pese a fracasos que hubieran borrado del mapa otros menos bragados –Muertos de Risa– de la Iglesia ha continuado disfrutando de grandes presupuestos e, incluso, le han encargado películas como la que nos ocupa, que ha sabido llevar a su terreno.
Los Crímenes de Oxford se ve con interés, aún con gusto, quizá porque, al ser un encargo, la tendencia del director a la broma gorda está beneficiosamente limitada por las exigencias del guión. La peli se trata de un whodunit en toda regla (Quién lo hizo, en inglés). En Oxford se cometen una serie de crímenes que parecen corresponderse con una serie de símbolos matemáticos. Los asesinatos son investigados por un Sherlock Holmes reacio (John Hurt) y por un Watson del que uno espera todo el rato ese plano de pies grandes y peludos que le convirtió en una estrella (Elijah Wood).
El guión, sin embargo, podría estar mucho mejor. Probablemente debido al hecho de que se trata de una adaptación literaria, Los Crímenes de Oxford está trufada de conflictos que se entrecruzan sin que el vaivén aporte demasiado al resultado general. Incluso alguna de esas escenas están resueltas como una secuencia explicativa típica de „Se ha escrito un Crímen“ (ya se sabe: el famoso flashback comentado por la autorizada voz de Jessica Fletcher). Pero incluso la explicación de los asesinatos oxonienses –últimos 20 minutos de película- resulta liosa y no muy convincente debido a la cantidad de cabos sueltos tontos que la historia deja en la hora y media precedente, y que se hubieran podido evitar con una poda razonable del guión.
Yo vi la película en inglés porque John Hurt me gusta desde Yo,Claudio y tenía curiosidad por saber qué tal actor era Elijah Wood cuando no estaba de camino a Mordor. La verdad es que ninguno de los dos me ha defraudado. Leonor Watling también está correcta (a pesar de que su papel esté escrito con los codos y a que sea imposible imaginar una relación tórrida entre ella y John Hurt). Incluso, colmo de las sorpresas, me reencontré con Anna Massey, una pizpireta actriz inglesa (variedad feílla) que era una de las protagonistas del mejor Hitchcock crepuscular (Frenzy).
Pero hete aquí que, como el DVD me lo compré en España, tuve curiosidad por ver cómo era la peli doblada. Como decía el cuplé, “qué no lo hiciera, que aquella tarde, creí morir”. Los Crímenes de Oxford es una película que, doblada, pierde toda su efectividad (quizá porque su  artificiosidad queda puesta en evidencia por la falsedad del doblaje). Si el tipo que dobla a John Hurt es infame, la actuación de Elijah Wood queda destrozada por una voz a la que le falta decir ejque.
Ni que decir tiene que, una vez volví a la versión inglesa, me repuse considerablemente y se me quitó la urticaria.
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