Carnavales transalpinos

Mis lectores verán que no miento si tienen la paciencia suficiente de visionar este vídeo (una muestra del carnaval de Colonia)

8 de Febrero.- Lo prometido es deuda: como ya anticipaba ayer, el sábado por la noche estuve en un baile de disfraces. Antes de empezar a detallar cómo se celebran aquí los carnavales, tengo que hacer una puntualización que, probablemente, sólo entiendan mis lectores españoles. Es la siguiente: por muchos años que uno viva en este bonito país, espejo, luz y guía de todas las demás naciones de la Tierra, uno no se puede acostumbrar a que según qué cosas empiecen a la hora de las gallinas. Esto es: salir de fiesta a las seis y media de la tarde no lo hacía uno desde que empezó a celebrar su cumpleaños con una corona de cartón en el Burger King.

Dicho esto: los carnavales transalpinos se diferencian de los mediterráneos en que, como todo en estas tierras, son muchísimo más organizados. O sea, sistemáticos. Aquí no llegamos a los extremos de nuestros vecinos del norte, los marditos piefkes, pero no le andamos muy lejos. Los bailes de disfraces, en realidad, tienen menos de bailes que de veladas. La gente se sienta en largas mesas corridas como las que yo mostraba en la foto de ayer y, generalmente, presencian un show. En las grandes metrópolis del carnaval germano (Colonia, una vez y nunca mais) las personas disfrazadas presencian un espectáculo en el que, generalmente señores disfrazados de maruja, cuentan chistes satíricos sobre la actualidad política –por razones obvias tienen mucho éxito los relacionados con la señora Merkel– . Las bromas se cuentan de una manera que a un espectador latino le destrozaría (le destroza, de hecho) los nervios. Porque, como generalmente los chistes tienen muy poca gracia, tras cada uno hay un trompetazo o un bocinazo similar para que la gente sepa dónde tiene que reirse. Esto, a la larga, tiene efectos perversos en el organismo, y explica, sin duda, el éxito que determinados movimientos políticos totalitarios tienen en las sociedades germanoparlantes (a las dos horas de escuchar trompetazos sientes que el mal anida en ti y te apetecería erradicar a la especie humana del planeta Tierra como si fueras un malo de Marvel).

En Alemania, además, hay pausas en las que la gente se coge del bracete con sus adláteres para mecerse al ritmo de unas músicas pensadas para niños de guardería o bien para adultos con un grado de intoxicación alcohólica considerable –esto se consigue pronto, porque los bailes de disfraces de este lado del espinazo montañoso europeo están diseñados para que los asistentes pierdan el conocimiento lo antes posible-. Cuando el show se acaba, como generalmente el público asistente está muy trompa (al objeto de poder reirse con los chistes y los bocinazos o con los chistes o los bocinazos, claro) uno baila cualquier cosa que le pongan. Generalmente, algo de DJ Ötzi.

Mi baile del sábado no tuvo chistes, pero sí una generosa ración de playbacks cuya gracia (ay) era irregular y que, para mi gusto, duraron un poco demasiado. Pero bueno.

Aún así, se apreció mucho la buena voluntad porque todos los que actuaron, sirvieron, pincharon discos y demás, lo hicieron voluntariamente. Los beneficios de mi baile (por eso fui) van a parar a distintas instituciones que se dedican a ayudar al prójimo. Por ejemplo, a la AIDS Hilfe, que ayuda a los enfermos de SIDA y que colabora, dentro de sus recortadas posibilidades, a investigar el tratamiento de ese mal.

Entre eso, la ración correspondiente de licores, y la posibilidad de ver (algo borrosos cuando no dobles) a algunos amigos la verdad es que nos lo pasamos muy bien.
NOTA: Publico este post, y me pongo a contestar comentarios, que los tengo algo atrasados.

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Comentarios

3 respuestas a «Carnavales transalpinos»

  1. Avatar de Sabinaiku

    Hola Paco,
    soy vienesa y sigo a tu blog desde hace unas semanas. Enhorabuena! Me gustan tus comentarios y tus observaciones de la vida en Austria. Muy interesante!
    Conozco el Karneval alemán, el Fasching austríaco y el Carnaval de las Islas Canarias. Tengo que decirte que las Murgas no tienen mejores letras que los conferencias humorísticas alemanes o austríacas.
    A propósito: Conoces el Villacher Fasching?
    En Alemania hay una gran diferencia entre el Karneval de Colonia y lo de Maguncia. Los hombres de Maguncia están muy orgullosos por su Karneval más literario. Dicen que la gente de Colonia sólo hace chistes demasiado simples y tontos. Quizás las conferencias humorísticas de Maguncia te gusten un poco más. Probablemente no – los artistas profesionales de cabaré siempre tienen mejores textos y mejores ideas … son tan buenos en su profesión que un laico (y todos los carnavaleros son laicos) siempre parece un poco ridículo si uno compara a los dos.
    Feliz Carnaval!
    Besos, Sabine

  2. Avatar de María

    ¡Ay! Veo que los donostiarras tenemos un poco de Europa del norte… Aquí nos disfrazamos más bien poco y lo que vemos son a las comparsas que hacen el recorrido de la cabalgata de Reyes, de la tamborrada infantil…. ¡vamos, que somos unos sosos!
    Eso sí, si vas a Tolosa la cosa cambia y mucho.
    Saludos

  3. Avatar de Paco Bernal

    Hola a las dos y gracias por vuestros comentarios.

    A Sabine: Hola! Lo primero es darte la enhorabuena por tu espanol !Ya quisiera yo poder escribir así en alemán! Lo segundo decirte que es interesantísimo tener una lectora austriaca. Estoy encantado y espero que me dejes muchos comentarios porque tu opinión, como austriaca y vienesa, me interesa muchísimo. Si encuentras alguna inexactitud, no dudes en decírmelo, por favor.

    Estoy completamente de acuerdo contigo en lo del carnaval de Tenerife. Curiosamente, estuve viendolo el otro día por Televisión Espanola Internacional y la verdad es que las letras de las murgas no brillaban por su calidad, precisamente. Me apunto lo del Villacher Fasching para buscarlo en youtube. Espero entenderlo, porque el dialecto de Köln me costó bastante -leido no tanto, pero escuchado es bastante raro-.

    En Espana, creo que el equivalente del carnaval de Maguncia sería el carnaval de Cádiz. Las letras de las comparsas son muy ingeniosas aunque quizá sean un poco demasiado locales.

    En fin: besos y !Hasta pronto!:-)

    A María: aquí entre nosotros, te voy a confesar algo: yo a lo de disfrazarse no le veo el punto, la verdad. Me gustaba disfrazarme cuando era actor, porque la ropa ayuda mucho a “ser” el personaje (por ejemplo, no se anda igual con un frac que con un mono de mecánico) pero, “de civil”, la verdad es que me gusta más ir vestido de mí mismo. Dicho esto, lo de Tolosa me ha intrigado, suena como si, comparado con Donosti, lo de Tolosa fuera un desmadre jajajaja.

    En fin, saludos 🙂

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