Lo que el fuego se llevó

Una imagen de la Rotunde en sus días de esplendor (foto: wikipedia)

19 de Marzo.- Hoy, día de San José, momento en el que las carreteras se ponen de bote en bote y se escucha a cada paso aquello de “!Crisis! ¿Dónde coño está la crisis? La gente no tendrá pasta, pero mira el atasco que hay a la salida de Madrid”; bueno, pues hoy vamos a hablar de un atractivo de Viena que, desgraciadamente, los visitantes contemporáneos no pueden disfrutar y cuyo nacimiento y existencia estuvo también marcado por la crisis económica.


Se trata de la Rotunde, un espectacular edificio que se construyó en 1873 y que, en 1937, fue destruido por un terrible incendio.


El edificio, redondo como su nombre indica, se situaba en lo que hoy es la puerta sur de la Feria de Muestras de Viena, junto al Prater y fue construido para la exposición universal de 1873 que debía convertirse en un estandarte propagandístico de primer orden para la monarquía del águila bicéfala. Sobre el papel, todo estaba previsto. Veinte millones de visitantes convertirían la feria en un éxito y al emperador en un monarca respetado al nivel de sus pares europeos. Pero dos circunstancias, si bien se mira fortuitas, convirtieron la exposición en un fracaso aunque paradójicamente salvaron a la Rotunde de la demolición. La primera fue una epidemia de cólera que estalló en los barrios pobres de Viena en la primavera de 1873 y la segunda fue el crack de la bolsa vienesa del 9 de mayo de ese mismo año. Los veinte millones de visitantes se transformaron en unos escasos siete y el tremendo déficit con el que se saldó la exposición hizo que no hubiera fondos para echar abajo su obra más emblemática. Como los vieneses, los de entonces y los de ahora, son especialistas en hacer de la necesidad virtud, la Rotunde permaneció en su sitio, imperturbable durante más de sesenta años.


Era, lo decía más arriba, un edificio espectacular para la época. Copio de la wikipedia que todo lo sabe: 84 metros de altura (en el punto más alto había una corona imperial dorada), 108 metros de diámetro. La puerta de entrada, con forma de arco de triunfo, estaba adornada con medias columnas y representaciones escultóricas. Los espacios interiores tenían una superficie de ochomil metros cuadrados y estaban diseñados para servir de punto de encuentro a los expositores austriacos y alemanes.
Después de la exposición y una vez se vio que su demolición era económicamente inviable, la Rotunde sirvió, primero, de almacén para la ciudad de Viena y, después, para diferentes usos comerciales que incluyeron una exposición sobre electricidad, otra sobre teatro y música, en 1892 , una exposición sobre automóviles, y la última gran muestra de la monarquía Habsburgo que se celebró en 1913 y que tuvo como tema el Adriático. Durante la Primera Guerra General se celebraron en la Rotunde diversas exposiciones de tema bélico y, terminada la contienda, se transformó en un centro para convalecientes. En 1936, el ayuntamiento vienés aprobó un proyecto para convertir la Rotunde en un archivo de la ciudad. Proyecto que, por razones obvias, no prosperó.


El incendio que terminó con el edificio se desató el 17 de septiembre de 1937 pasadas las doce de la mañana y se propagó por la estructura de madera del edificio, que ardió como la yesca. Tuvieron que concurrir para sofocarlo no sólo los bomberos, sino los soldados del quinto regimiento de infantería acantonado en la capital del Danubio. El fuego duró un par de días y hasta el día 22 de Septiembre no pudieron empezar los trabajos de desescombro.


A pesar de todo, queda en el callejero del Prater una Avenida de la Rotunde y una Plaza de la Rotunde, así como dos paradas del Llilliputbahn.
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