El Euro: un culebrón

Cabecera de La Dama de Rosa: esto fue un éxito en Celtiberia. Amárrame esos pavos.

11 de Mayo.- No se sabe si es porque atravesamos una época en la que es imposible no amar en tiempos revueltos, pero el hecho es que, a cada paso, nos encontramos con un acontecimiento que se califica de histórico. La realidad se ha transformado en uno de esos culebrones venezolanos que a mi abuela le gustaban tanto. Esos en los que, cada vez que la rica de la mansión le hacía una perrería a la pobre cenicienta con nombre de pedrusco (Rubí, Topacio, Cristal, etcétera) sonaba una música superdramática de la muerte. Creada para la ocasión con ese órgano PT-1 de la marca Casio que nos regalaron a todos por la primera comunión.

Parece que lo estoy oyendo:

-¡Lárguese mugrosa!

-¡Usté no me bota de esta casa!

Y ahora, un silencio profundo. Plano de la altiva y perversa ricachona, peinada de peluquería, con un vestido fuxia y perlones. Contraplano de RubíTopacioCristal, harapienta y, en los momentos más dramáticos, con dos churretones en la cara para marcar que ella es “sumirde” y se gana la vida con el trapo.

Y ahora, música: chachán (pausa) chachán (otra pausa) chachán.

Y, sin solución de continuidad, cambio de escenario. De la Mansión Rica de la que sólo veíamos el pie de la escalera (barandilla invariablemente blanca) a la Oficina Pintada de Verde Tropical en donde Carlos Alfredo –hombros siempre a punto de estallar la americana- se dedica a ignaros asuntos financieros que se intuyen de gran complejidad.

En fin: acude uno a los periódicos y parece escuchar los acordes del organillo electrónico al leer la palabra Euro. El Euro, esa moneda que antes de ayer era nuestra salvación, ayer fue motivo de nuestras duquitas más negras y hoy ya es una moneda maltrecha, pero salvada.

(Esta última frase, no tiene nada que ver, me recuerda una vez en que Antonia Dell´Atte, belleza de cariátide griega, lengua de pescadera napolitana, acudió a La Máquina de la Veritá y soltó aquella preciosidad de que el Conde Lecquio la había dejado “Sedutta e abandonatta” –con muchas tés-; es que hay cosas que sólo un italiano podría decir sin descojonarse de risa).

Pues eso ¡El Euro salvado! ¡Los especuladores espantados! (hasta la próxima) ¡La paz financiera reconquistada con un pacto histórico!

En España, cuyo nombre rojigualdo suena mucho estos días por la radio, ha habido descorche de botellas por el acuerdo salvador pero aquí, que son perros viejos, saben que la millonada del pacto –si se pusiera en marcha- tendría que pagarla alguien. Y mucho se temen los austriacos, como se han temido los alemanes, que les tocará pechar con la mala gestión de los PIGS (por Portugal Italy Greece Spain). Incluso tuvo que salir a la palestra el canciller Faymann, que acudió al noticiero de la noche –ágora de este país- para explicarle a los que se parten el pecho día a día para levantar la patria austriaca por qué iban a tener que apoquinar por las pensiones griegas a los cuarenta y seis años.

Y mientras lo hacía y predecía apocalípticos desastres en caso de catástrofe financiera, parecía sonar la música del PT-1 (Chachán Chachán Chachán).

El pastizal pagadero no va a ser gratis (aunque parezca que esas cifras son en realidad castillos en el aire de los de Alberto Cortez). Ayer, la (pobre) ministra española de economía (Sra. Dña. Elena Salgado) ponía cara de circunstancias y explicaba que el Gobierno recortará el gasto para reducir el déficit. Sólo hay un problema: y es que gran parte del déficit de caja del estado es responsabilidad de los Gobiernos Autonómicos. El Gobierno Central sólo controla el destino de veinticinco céntimos de cada euro que se ingresa.

La cosa se va a poner emocionante. Histórica, casi. No te digo más.
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