Vilariba y Vilabajo

14 de Mayo.- Mis nuevos alumnos viven en un espacioso ático que, en esta época del año, queda iluminado por el sol poniente. La luz atraviesa la habitación y llega hasta un enorme ventanal por el que se tiene una vista soberbia de la cúpula decimonónica de una iglesia próxima.

Di que la otra tarde estábamos practicando los números cuando sucedió la conversación siguiente:

-A ver J. ¿Cuántos kilómetros hay de Toledo a Valencia?

-Cuatrocientos cincuenta y seis –un poner-

-Valencia es la capital de la paella, ¿Sabéis? Hay unos restaurantes muy famosos en donde se come el mejor arroz de España.

M., la novia de G.:

-¿Paella? ¿Con esas sartenes grandes?

Y yo:

Paelleras –o paellas,siendo ortodoxo- se llaman paelleras.

Y J. la cara iluminada de pronto por un recuerdo feliz:

-¿Como en Vilarriba y Vilabajo?

Y yo, de plástico:

-¡Qué me estás contando! ¿Y cómo sabes tú eso?

Y M. otra vez, haciendo los gestos:

-Claro, mientras en Vilarriba están de fiesta, en Vilabajo aún tienen que frotar.

Yo no salía de mi asombro cuando me explicaron que el famoso anuncio de Villarriba y Villabajo ha sido famoso en toda Europa. Y, claro, también en Austria.

Asimismo, mis alumnos, que son muy aplicados, también demostraron que son unas personas informadas de la actualidad española. Claro está que aquí los medios dieron mucha publicidad al tema de la bajada de sueldos a los sufridos funcionarios y al proceso en el que a su señoría el juez Baltasar Garzón le ha tocado desempeñar el peor de los papeles posibles.

Y pensaba yo que, aunque no es culpa suya, de mis alumnos, quiero decir, ellos hablaban de la cuestión económica como suertudos habitantes de Villarriba que se iban de marcha con los deberes hechos gracias al Fairy; mientras que los habitantes de Villabajo tenían que seguir frotando debido a la impericia de los que les han administrado durante, por lo menos, la última década.

Por la noche, recién llegado a casa, estuve viendo a nuestro sucedáneo del Fairy. El presidente del Gobierno español, Sr. D. Jose Luis Rodríguez Zapatero, debió de vivir el miércoles una de sus jornadas más duras. Porque supongo que, como hombre inteligente que es, debió de darse cuenta de que se dirigía inexorablemente hacia su amortización como político. Visiblemente demacrado, ahogado por las circunstancias, se vio obligado a hacer algo que va en contra de lo que parece ser la columna vertebral de su personalidad. El Señor Presidente es alguien que parece necesitar, por encima de todas las cosas, el amor de sus administrados (si se analiza su discurso es llamativo darse cuenta de todas las veces que apela a la emoción; por ejemplo, hace algunos meses solicitaba el “amor y al cariño” que iba necestiaba de los sindicatos). Tener contento a todo el mundo ha sido el motivo conductor de su estrategia política; y el martes tuvo que apurar hasta el fondo el amargor de tener que poner al país frente a la verdad incontrovertible de que las vacas gordas habían terminado y que ni siquiera papá Estado podía sostener por más tiempo la fiesta de manera artificial.

Estamos de acuerdo en que lo que está sucediendo en Villabajo no es, ni mucho menos, sólo culpa del Presidente del Gobierno; pero será inevitable que la gente personalice en el entrenador del equipo el paso a la segunda división. Será ahí cuando el Señor Presidente tenga que demostrar la pasta de la que está hecho. Parafraseando a Alfonso Guerra, cuando el destino termine de alcanzarle.
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