Lena en el país de los Teletubbies (un post lleno de links)

Tía, tía, tía, que he ganao (tía). Lena con su trofeo en la mano
31 de Mayo.- Toda la Europa de habla extraña lo flipa en colores con el triunfo de Lena, esa muchacha cuya espontaneidad encantadora ha podido más que todos los chunda-chundas poligoneros que barrieron las ondas europeas durante la noche del sábado.
Asimismo, tras el magno espectáculo transcontinental soy incapaz de quitarme de la cabeza el “Algo pequeñito” (uó uó uó) de Daniel Diges . Personalmente, estoy pensando en acudir a un profesional de la salud mental para que me borre de las meninges la cancioncita de marras.
Como cada año, se repitió el ritual. Buen vino de Burgenland, buena ginebra Bombay Saphir para los Gin Tonics de la noche, y helado de Bortolotti para convertir la noche en un manantial de risas.
La cosa hubiera estado más animada, las cosas como son, si Austria hubiera participado (lo cual no nos permitió poder participar con nuestro humilde voto en el engorde de los balances de las compañías de telefonía móvil). Pero ya se sabe que hace ya años (lo contamos aquí) la ORF le dijo a Eurovisión (vamos, al festival) que Merci cherie (y la vuelta que te la den en calderilla) con el argumento de que el festival se ha convertido en una sucursal del extinto Pacto de Varsovia.
Eurovisión mola aunque uno sospecha que es contraproducente. En este mundo crispado por la crisis en el que los seres humanos insisten en matarse los unos a los otros, el festival deja clarinete lo poco que nos parecemos de un lado a otro del contienente.
Resulta curioso, eso sí, darse cuenta de hasta qué punto las políticas estalinistas siguen vigentes (esa manía de todos los expaises comunistas de votarse entre ellos por sacrificada solidaridad) y también cómo las modas impuestas por los americanos (esos gorgoritos a lo Cristina Aguilera, Beyoncé o como se llame la futura drogadicta de turno) se pasan por la turmix del folklore local para dar lugar a los adefesios que llegan a la capital europea elegida para atorrar al respetable.
Pero sin duda, la parte del león del cachondeo se la llevan los estilismos. Este año yo he desarrollado una teoría: como en eurovisión ahora participan un chorro de países (alguno de los cuales no hubiera podido ubicar en un mapa si no hubiera sido por los sorprendentes conocimientos geográficos de mi primo y de su dulce B.) bueno, pues como participa esa retahíla de repúblicas ignaras, para que la gente no se pierda se trata de que les recuerden por lo que llevan puestos. Y claro, ahí, Castilla es ancha.
Los vestidos mariposa (tan prácticos con sus alas abatibles) quizá tenga un futuro en las bodas dentro de unos años. Momento Madrina:
Luis José ¿Quieres a Cármen como legítima esposa?
Si quie…-ruidico (ñíiiiiic) la madrina (y suegra de uno de los cónyuges, no lo olvidemos) ha extendido sus alas de lepidóptera para que el fotógrafo la inmortalice en este momento cumbre de la vida de su hijo.
Por no hablar del cejerío que se gastó el representante belga o la escasez de tela roja en los mercados mundiales provocada por la oronda representante islandesa  y sus ajamonadas hermanas.
Pero si en las actuaciones había que echarle hilo a la cometa con los modelazos, lo flipabas con los atuendos de los representantes de las televisiones que, conexión vía satélite mediante, anunciaban las votaciones. Qué tintes, qué peinados de peluquería de barrio, qué escotes reforzados con versiones pirata del Wonderbra (esto era especialmente patente en esos países que tienen nombre de ciudades del imperio klíngon), qué fondos con el monumento de turno (Tiflis, Malta, donde fuera) con esos fuegos artificiales generados por ordenador. Como para perder la fe en el ser humano.
Aunque fuera piefke (la pobre).
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