La huelga desde Austria (2/2): Dos mundos

Trabajadores en la Donauinselfest





30 de Septiembre.- Los comités de empresa, en contra de lo que muchos trabajadores piensan, no están para convencer al empresario de que debe mantener al trabajador bajo contrato (qué más quisieran ellos). Sólo pueden velar porque la ley se cumpla, a veces en unos entornos de enorme tensión. Y las leyes españolas, es cierto, propician la existencia de dos clases de trabajadores. Los A, fijos, cubiertos, prácticamente intocables (por tanto sin ninguna motivación ni para formarse ni para ser productivos) y los B que vagan de empresa en empresa, de contrato en contrato, de precario en precario y de turbio en turbio, hasta que se vuelven demasiado caros para que los empleadores quieran tener nada que ver con ellos y pasan a engrosar las filas de los parados de larga duración (eso, si no han conseguido antes hacerse funcionarios para salir del círculo vicioso).

Por no hablar de que, claro, en su gran mayoría, los comités de empresa, debido indirectamente a la lógica perversa del mercado laboral español, están compuestos de gente que tiene un contrato indefinido. O sea, que la ley (es lógico también) les protege para que puedan desarrollar sin coacciones su labor de defender al trabajador. Y es lógico –todos somos humanos- que luchen por mantener unas condiciones que les favorecen.
Por supuesto, durante mi temporada de trabajador en España, estos problemas no le preocupaban a nadie. Medio país ponía ladrillos como loco, el otro medio pedía créditos a troche y moche porque el dinero estaba barato y los bancos no eran demasiado escrupulosos y, tanto los unos como los otros, dirigentes políticos y sindicales incluidos, llenaban los forléidis con productos comprados en el Carrefour más próximo a sus domicilios.
En cualquier caso, en España criticar a los sindicatos, sobre todo entre cierta izquierda, está muy mal visto. Pero para mí (y creo que para cualquiera que tenga ojos en la cara) está claro que, en España, los sindicatos no funcionan. Son organizaciones esclerotizadas, enormemente burocráticas, muy lejos de las estructuras heróicas que, durante los setenta, hicieron posible la transición. Y si los sindicatos no funcionan, del mercado de trabajo ni hablemos. En este aspecto, es tradicional, las medidas se toman tarde, mal y nunca, y generalmente cuando resultan enormemente gravosas para los más débiles.
¿Cómo es aquí la situación?
En Austria los sindicatos existen pero hay varias de las funciones que tradicionalmente desarrollan en España que están transferidas a lo que se llama la Cámara de los Trabajadores. Un organismo público, que se financia en parte con aportaciones del sueldo de cada uno, el cual, según mi experiencia, funciona a las mil maravillas. La Cámara de los Trabajadores, por ejemplo, se encarga de asesorarte legalmente si tienes un problema con tu empleador (por despido, deficiencias en el contrato, etcétera). Favorece además la formación, colaborando con diversos institutos públicos y privados. Cada trabajador austriaco tiene derecho a cien euros al año para hacer cursos que la Cámara subvenciona (de idiomas, de informática, de todo lo posible). Son sólo dos ejemplos de cosas que los sindicatos españoles hacen y que podrían hacer mejor.
Pasemos sin entrar en detalle (no es el objetivo de este post) por el hecho de que en Austria, todos los contratos son, en principio, indefinidos (el famoso Modelo Austriaco que ya explicamos una vez aquí) y la legislación es enormemente protectora con el trabajador.
Sin embargo mi punto de vista, y con esto termino con un post que ya es demasiado largo, es que España, más que una reforma laboral (que la necesita, y mucho más profunda que la que ha motivado la huelga) necesita dos cosas: a) un cambio de mentalidad profundo en todo lo que se refiere al trabajo y a la productividad por parte de los propios trabajadores y b) una inyección de fondos urgentísima en el sector de la educación y de la formación (darle una pensión suficiente a Belén Esteban para que no vuelva a salir en la televisión sería una medida tan estudiable como urgente y razonable).

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