Solo para la familia

Con solo una mirada
A single man (Archivo VD)

20 de Diciembre.- Ayer estuve haciendo tres de las cosas que más me gustan: pasear con la cámara en la mano, hacer deporte (hora y media de bici) y ver películas. Las dos últimas, por cierto, combinadas debido a un reproductor portátil de DVDés muy baratito que he encontrado y que me permite ilustrarme mientras me castigo la musculatura.

 

Ya en casa, agradablemente cansado, desempaqueté un disco que había tenido guardado para una tarde dominical como la de ayer: “A single man” (Un hombre soltero) la primera película del diseñador Tom Ford.
“A single man” está basada en una novela del escritor británico Christofer Isherwood. A alguno de mis lectores, Mr. Isherwood les sonará probablemente porque otra de sus novelas (Adiós a Berlín) se convirtió primero en una obra de teatro (Soy una Cámara) y posteriormente en una cinta musical mundialmente famosa (Cabaret) que siempre conviene revisar. La película que hoy nos ocupa trata de un profesor de literatura de mediana edad que, en el año 1962, pierde en un accidente de coche, de manera imprevista, a su compañero durante dieciséis años.
Precisamente en esa escena, al principio de la película, hay un diálogo especialmente estremecedor cuando un familiar del muerto le comunica al personaje interpretado por Colin Firth la noticia del fallecimiento de su novio. El profesor le pregunta a su interlocutor:
¿Habrá servicio religioso?
Y recibe la siguiente contestación:
-Sí: pero sólo para la familia.
Y este es el tono de la película. El profesor no sólo tiene que afrontar la crisis de haber perdido a su pareja sino también el tener que hacerlo en secreto porque para la sociedad en la que vive, su novio “no es familia”.
Por suerte, el profesor de literatura tiene un hombro en el que llorar: el del personaje interpretado por Julianne Moore, su mejor amiga. Una mujer que está enamorada de él secretamente y que también tiene que lidiar con sus propios demonios, como el miedo al envejecimiento y a la soledad.
Formalmente, la película de Tom Ford es de una elegancia que, en algunos momentos, resulta algo fría pero, en cualquier caso, sumamente refrescante. Coquetea siempre, eso sí, con el lenguaje publicitario, sin caer en él. Destacan el uso del color y de la cámara lenta pero, sobre todo, la calidad de las interpretaciones, que están completamente a tono con la sencillez general del relato al que sirven.
La película destila una agradable melancolía, una tremenda humanidad. Trata, como supongo que la novela, de sentimientos universales. Del miedo a la pérdida de la juvuentud, del duelo, del amor,  del papel que desempeña la experiencia en la vida.
Isherwood escribió “A single man” en 1962, cuando tenía más o menos la edad de su personaje. Fue su última novela. Murió en 1986.
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