Samantha Fox y los villancicos

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Enseñando las lolas (Archivo VD)23 de Diciembre.- Aprendí a odiar los villancicos desde mi más tierna infancia.
23 de Diciembre.-  Aprendí a odiar los villancicos desde mi más tierna infancia. Es más, al capullo que escribió lo de “la nochebuena se viene, la nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”, a pesar de ser yo un hombre contrario a toda violencia, le colgaría del pino más próximo a su domicilio.

 

Sin embargo, este año se ha producido un hecho curioso. Para competir con el chorreo inclemente de gilipoyeces navideñas anglosajonas (que si el reno de la nariz roja de los pelenguendengues, que si el gilidoors de Jorge Miguel cantando lo de que la última navidad le regaló su corazón a su churri y que la muy ingrata –bueno, según las últimas noticias, el muy ingrato- le puso los cuernos al día siguiente, festividad de San Esteban, etcétera) puse el otro día mi único cd de villancicos españoles.
Son villancicos flamencos y, como tales, probablemente tendrían para otro el aroma acre de las gasolineras y traerían a la retina, más que estampas de nacimientos, la imagen de un calendario de Samantha Fox enseñando las ubres (por aquel refrán tan bestia que teníamos en mi mocedad sobre aquellos apéndices mamarios que la mano no es capaz de abarcar).
El caso es que, mientras planchaba escuchando a Manolo Escobar, a Perlita de Huelva y a Rumba 3, sucedieron un par de cosas a) Se me cayeron un par de lagrimones –uno es muy sentido- y b) Me di cuenta de pronto de que los villancicos españoles, a diferencia de los que yo oigo aquí, son piezas de literatura popular de una enorme belleza por su sencillez.
Desde entonces, como si los oyera por vez primera, he empezado a redescubrir maravillado los villancicos de mi infancia y canto la tercera estrofa de Los Peces en El Río más que confortado.
¿Hay algo más bonito que esto?
La Virgen va caminando
Va caminando Solita
Y no lleva más compaña
Que el niño de la manita
¿Y qué decir del “Dime niño”? ¿Hay una versificación más depurada, más redonda que esta?
Dime niño de quién eres
Todo vestidito de blanco
Soy de la Virgen María
Y del Espíritu Santo
También sucedió ayer que quise enseñarles a mis alumnos precisamente estos villancicos y que, tras cantarlos, me hicieron la observación (bien cierta) de que, melódicamente, son relativamente complejos. No es fácil cantar bien “Dime niño”. Hace falta un registro de voz medianamente amplio para ir de la Virgen María al Espíritu Santo (para mí, barítono, me cuesta mucho sostener los tonos bajos del Espíritu Santo).
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