Menudillos regios

Actores protagonistas de la serie Felipe y Letizia (foto:www.telecinco.es)
28 de Abril.- Tengo que confesarlo: ayer, disfruté mucho. A rebufo de la boda real entre Catalina del Pueblo de Enmedio y el hijo calvo de Lady Di y,supongo, para consolar a aquellos de nosotros a los que el fútbol ni fú ni fá, la segunda cadena de la ORF programó “Felipe und Letizia”, miniserie (recortada para la ocasión) que ya emitió la cadena española Telecinco en su día y en la que se narraba el noviazgo de los Príncipes de Asturias.

A pesar de ser un producto marujil pensado para las lectoras del Neue Post (revista teutona ante la cual el Pronto adquiere la solera del New York Times) había que agradecerle al guionista de la serie, Manuel Gómez Pereira, los toques de sentido del humor con los que aligeró una trama de la que, lógicamente, se habían extirpado todo tipo de detalles polémicos.
El acierto de Gómez Pereira y, al mismo tiempo, la razón por la que la serie no le gustó a nadie en España, fue el de tratar a los Reyes, al Príncipe Felipe y a Letizia Borbón (née Ortiz) como a personas normales. O sea: el guionista redujo el peliagudo asunto a la premisa siguiente: el hijo, ya casi cuarentón, de un matrimonio mayor de clase media-alta, aparece un día diciendo que se quiere casar con una chica maja, independiente y profesional, pero a la que los padres no terminan de ver en las cenas familiares de nochebuena. El muchacho, sin embargo, se emperra en su decisión y, al final, triunfa el amor, con lo que el cuento (en la mejor tradición) termina en boda.
Si uno se olvida de que el padre es el rey Don Juan Carlos; si se hace abstracción de que la madre es la reina Doña Sofía (impagables esos momentos de Marisa Paredes vestida con Chaneles falsos y agarrada a bolsos de Vuitton de mercadillo) y el hijo el príncipe de Asturias , Felipe y Letizia funciona fenomenal como una comedia romántica –de presupuesto MUY cortito, eso sí-. La cosa empieza a fallar cuando uno asocia a los actores que ve en la pantalla con las personas reales.
Dada la publicidad de la que la Institución Monárquica ha gozado desde la restauración de 1975, a los españoles nos resulta difícil hacernos cargo de que las Reales Personas van al baño como el resto de los seres humanos y que, cuando visitan este reducto tan íntimo de cualquier domicilio, no lo hacen cargando con su árbol genealógico. Por eso, y por enseñar a los Reyes como lo que son, o sea, una familia simpática más o menos pija , que tiene sus tiras y aflojas como todas, supongo que la serie desató en España el cachondeo universal. Y es que la gente debe de creerse que el rey, cuando está por casa, habla como si estuviera echando el discurso navideño con el que nos duerme todos los años antes de que Raphael cante el tamborilero.
Yo me quedo con un momento de encantadora cutrez que parecía, de verdad, una viñeta de El Jueves y que, yo lo creo firmemente, debe de responder a la relaidad diaria de las conversaciones en La Zarzuela. A saber: Interior. Día. Habitación chiquituja como de chalet pobre de La Moraleja (probablemente es lo que era). En primer plano, Juanjo Puigcorbé como el Rey al que una propia le está haciendo la manicura (ya se sabe que los ricos se están haciendo la manicura constantemente). Entra la Reina Paredes por la izquierda. El rey la detiene para comentarle que el Príncipe está enamoriscado de la presentadora y la Paredes dice algo como:
-Juan Carlos, termina pronto, que tengo mucha prisa. Hoy tengo que visitar una unidad de niños con cáncer.
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