Los “Butterkinder”

Algunos austriacos aún recuerdan con cariño sus años en España (Archivo Viena Directo)

16 de Septiembre.- Desde el inicio de la crisis económica, el número de españoles que viven en Austria ha aumentado de manera sensible. Atraidos por la calidad de vida y la bonanza económica de este lado de los Alpes, muchos celtíberos han decidido buscar aquí un futuro mejor.

Hubo un tiempo, sin embargo, en que fue al revés: esta es la historia de los llamados“Butterkinder”: los niños de la mantequilla.

Austria. 1945. Los antiguos Gaus (unidades administrativas de la Alemania nazi) del Danubio y de los Alpes que, desde la victoria aliada, han recuperado su nombre antiguo, Austria, se encuentran ocupados por las cuatro potencias vencedoras. A los rusos, les corresponde la zona de Baja Austria, Burgenland y un trozo de la Alta Austria. Esta última, junto con Salzburgo, es territorio americano; los franceses, se han quedado con Tirol y Voralberg, en tanto que Estiria y Carintia han caido en manos británicas. Las estructuras económicas del país se encuentran casi totalmente en ruinas. Austria no es capaz de producir alimentos suficientes para su población. Los que sufren más, como siempre, son los más pequeños.

Desesperado ante la situación, el nuevo canciller, el conservador Leopold Figl (ex preso de Dachau y de Mauthausen) inicia unas desesperadas gestiones ante las Naciones Unidas  al objeto de salvar a los niños de su país, más de la mitad de los cuales padece dedesnutrición, raquitismo y bajo peso, de una muerte segura.

Se organizan así transportes que llevan a más de 80.000 criaturas a zonas de Europa que no han sido golpeadas de manera tan salvaje por la contienda general. Los países elegidos son principalmente dos: Bélgica y, sorprendentemente, España.

El viaje se realiza en unas condiciones que hoy nos parecerían espantosas.

Los niños, de entre cinco y diez años, separados de sus padres, tardan tres días en cruzar Europa en tren, durmiendo en el suelo, cubierto de papel de embalar para mitigar un poco el frío; con las pocas pertenencias que sus familias han podido salvar de una debacle que parece cósmica.

A pesar de la dureza de aquellos tiempos, la mayoría de estos Butterkinder recuerdan su estancia en España con cariño.

Hace algunos años, cuando aún no sabía que existía este fenómeno, en el aparcamiento de una estación de servicio, me encontré por casualidad con una señora austriaca que había vivido desde los ocho a los doce años de su edad en Talavera de la Reina. Cuando me abordó, me sorprendió muchísimo que hablaba español prácticamente sin acento. Me estuvo explicando su historia con la nostalgia brillándole en los ojos de manera inconfundible. Le pregunté si había vuelto a España y me contestó, triste, que no. Tampoco había utilizado nunca el idioma que había aprendido de niña.

-Ya sabe usted: me casé, a mi marido no le gustaba que trabajase. Luego, me jubilé y…Pero me ha hecho mucha ilusión hablar con usted.

Hace algún tiempo, una realizadora austriaca, filmó un documental sobre losButterkinder en el que, alguno de ellos, contaba su historia. Ingolf Ortner, a quien todo el mundo conoce como Manuel, fue adoptado por una familia barcelonesa y hoy regenta una tienda de Delikatessen en la capital del modernismo.

A veces, los críos no sufrían tanto al irse de su tierra como al volver. Waltraud Brandstetter fue acogida por una familia española adinerada. Cuando fue enviada de nuevo a su país, pasó de una vida en la que un mecánico de uniforme iba a recogerla al colegio a tener que desplazarse en tranvía. Demasiado para su mente infantil. Al llegar a la estación, miró a su madre y el preguntó “¿Dónde está el chófer? ¿Dónde está Juan?”.

Algunos de estos nños evacuados, con el tiempo, también han llegado a ser famosos. Es el caso de Frau Margit Fischer, esposa del presidente de esta República, que pasó parte de su infancia en Finlandia.


Publicado

en

por

Comentarios

2 respuestas a «Los “Butterkinder”»

  1. Avatar de victoria
    victoria

    Los niños siempre se llevan la peor parte en las guerras. Me alegro de que España contribuyera a paliar de algún modo su sufrimiento. Austria fué muy castigada por una sola razón : era la patria natal de Hitler. Pero los niños austriacos, al igual que los niños judíos, no tenían la culpa de nada. Las guerras siempre machacan al más débil. Es muy injusto. Gracias por recordarnos esta historia.

  2. Avatar de Pelayo del Riego

    Recuerdo a Friedrich Ebster, de Salzburgo, que en el 45 cayó en Soria durante un par de años y vivía en casa de un sacerdote vecino nuestro. Éramos muchos niños en el casa y era amigo de todos. Se fué y nunca regresó. Nos decía que su padre tocaba los platillos en una banda militar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.