Loroparque, Tenerife

Surf
El espectáculo de los delfines (Archivo VD)

 

(4 de Enero) Loroparque. Basta ponerse en la cola de entrada del espectáculo de las orcas para comprobar que la ordinariez de la masa humana que pugna por entrar a ver la monerías de los cetáceos es monolítica, blindada, aparentemente indestructible. La cantidad de gente contrahecha, tatuada, envuelta en licra, alcanza unos niveles que provocan la perplejidad y hacen dudar que sea mentira eso de que el fin del mundo no esté a la vuelta de la esquina. Tras sufrir empujones sin cuento encontramos un sitio y, delante de nosotros, se sienta una familia inglesa que es superlativamente monstruosa. La madre es una vieja de apenas treinta años, vestida con un conjunto fuxia de camiseta sin tirantes y pantalón corto. Pelo deñido de inmisericorde azabache, ojos churretosos del maquillaje de ayer, tirantes blancos del sujetador asomándole por los hombros fofos, vacunos.

El padre, sin camiseta, lleva tatuada una cruz de un palmo en la cérviz y, en grandes letras góticas sobre la rabadilla del culo, la palabra “Charlotte”. Se deduce que el nombre corresponde a una de las criaturas sin cuello que berrean a sus pies, porque en la cara interior del antebrazo puede leerse “Philippa”. El tipo trajina una cerveza detrás de otra que va sacando del cochecito de un tercer crío al que atiende la abuela, una pájara ordinaria de ser la antediluviana jefa de una banda de gangsters o la celadora más chunga de la cárcel más chunga de mujeres.

La familia nos persigue durante todo el día en todas las atracciones. Hacen fotos con flash que espantan a los pingüinos, provocan estallidos de agresividad en los, por lo demás, pacientísimos primates; en un puente colgante desde el que se pueden ver las hermosas aves tropicales que pueblan el parque, el del tatuaje cular salta para asustar a la vieja y a los niños.

Una empleada del parque le dice a otra, con ese acento canario que hace que las vocales salgan a miel.

-¿Qué he hecho yo para merecer esto?

La otra contesta resignada:

-No haber estudiado, tía. No haber estudiado.

Articulo publicado en Notas de viaje con las etiquetas: , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.