Helmut Elsner: el fresco del barrio

Atlante
Elsner, un fresco, pero no de estos (A.V.D.)

 

18 de Marzo.- En la, por lo demás, pasable película de Phyllida Lloyd sobre Margaret Thatcher  hay un momento en que la Dama de Hierro enfrenta su oxidada carrocería a la experta mirada de un doctor.

El médico, algo cortado por tener ante sus ojos a la señora que les hundió unos cuantos barcos a los argentinos durante la Guerra de las Malvinas/ Falkland, le pregunta a la paciente que cómo se siente. Impaciente, la anciana exprimera ministra le suelta al acojonado galeno una filípica de toma globo y no lo sueltes, y termina con una frase que yo creo que es el hueso de toda la historia. Cito más o menos de memoria (y traducido, porque vi la peli en alemán): “¿Sabe usted el problema de los políticos de ahora? Que sienten mucho y piensan demasiado poco; la política actual está echada a perder por los sentimientos: ideas es lo que hacen falta”.

(No estoy seguro, ya digo, de que la literalidad fuera así, pero el sentido era sin duda este).

Hoy, al leer la noticia sobre un tal Helmut Elsner, otro ex (en este caso exdirector del BAWAG) no he podido por menos que recordar la escena entre la chocheante Margarita y su médico de cabecera.

Este Elsner fue enviado a la trena hace unos años, cuando se destapó el escándalo de la entidad financiera que dirigía.

(Siempre presuntamente) Elsner y otro hatajo…, digooo grupo de empleados de la entidad bancaria, habían hecho “desaparecer” una buena cantidad de millones de dólares de los ahorradores (ahora quiero que mis lectores piensen en la viejecita que guardaba la pensión en el BAWAG o en los jóvenes que, euro a euro, se privaban de tomarse copas y de escuchar rismos de astualidá para ir ahorrando para un nidito de amor; a esos, le robó Elsner). Elsner dice que se perdieron en operaciones especulativas que no salieron bien, otras personas dicen que Elsner distrajo el pastizal el cual, en estos momentos, duerme en algún paraíso tributario.

Tras un tiempo en la cárcel (en una cárcel moderna, no en la mazmorra en la que encarcelaron a Fray Luis de León) Elsner empezó a llamar a los periódicos explicando lo malísimo que estaba. Al parecer, sufría un problema coronario agudo, que no le permitía dar dos pasos sin que su vida corriese peligro. Su mal se agravó tanto y se extendió de una manera tan cruel, que Elsner fue ingresado en un hospital y su santa (que atiende por Ruth) envió a los periódicos fotos en las que posaba junto al lecho del choricete con la misma cara que deben de tener las pobres esposas de los (auténticos) presos políticos, en países en los que decir esta boca es mía se paga caro. “Me lo matan, me lo matan, esto es un compló.Ay, qué pena de mi marío, que como siga en la cárcel un día se lo encuentran tieso”.

Conmovidos por los llantos de la que ya se veía viuda de Elsner y azuzados por una pertinaz campaña de la prensa basura en la que se amenazaba al Gobierno con que el óbito del exbanquero caería sobre las cabezas de sus ministros, se reunieron las mentes pensantes de EPS (Esta Pequeña República) y se barajaron todo tipo de soluciones para Elsner, incluida la de ponerle una pulsera en el tobillo –como se hace con otros pájaros de menos cuenta que él- para que, en el caso de que pusiera pies en polvorosa, el chori pudiera estar localizado por GPS en todo momento.

Al final, el Gobierno, conmovido, forzó las cosas para declarar a Elsner no apto para estar en prisión y le dejó mudarse a su lujoso ático de chorrocientos metros cuadrados en el que, durante sus años de reclusión, su esposa había llorado sus ausencias.

El cambio de aires le sentó fenomenal a Elsner. Al principio, tímidamente, con bastoncito y eso, Elsner salía a comprar el periódico, y departía con las vecinas, y paseaba a sus perritos…

“Qué malas personas los que me critican, parecía decir, con lo a las claras que se ve que tengo un pie en la tumba”.

Sin embargo, esta semana pasada, a eso de las dos y media de la madrugada de un día cualquiera, un fotógrafo captó una imagen de Elsner en la que, el exbanquero, haciendo de tripas corazón, forzando al máximo el ritmo de su maltrecha víscera cardiaca, se echaba unos bailes con una curvilínea jovenzuela.

Y la pregunta es ¿Aplicará el Gobierno Austriaco la mano dura con la misma facilidad con que usó de la clemencia?¿Qué les parece a mis lectores?

(Por cierto, ayer murió de leucemia, a los 76 años, el actor Paco Valladares –uno de los pocos boys de Celia Gámez que debían de quedar vivos- le traigo aquí porque es una de las personas que más me ha hecho reir y, para muestra, este botón)

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