Spanish Revolution 2012 (1): de preparativos, caderas reales y aniversarios simbólicos

Elefante
Un simpático proboscidio que vive feliz, a salvo de los reales rifles, en el zoo de Viena (A.V.D.)

14 de Abril- Hace ya once meses que viajé a Madrid por última vez –iba a haber escrito “que viajé a España”, pero he borrado porque en Febrero estuve en Canarias, aunque, bien pensado, el trozo de Canarias en el que estuve es más alemán que otra cosa– bueno, eso: que hace ya once meses que viajé a Madrid y ya iba tocando una visita a la capital de las Españas.

La última vez, lo recordarán mis lectores, la Puerta del Sol estaba, según opiniones, hecha un foco de insalubridad, palacio y paraíso de chinches y pulgas, o bien un laboratorio ideológico del que saldrían las nuevas ideas que regenerarían España. De las pulgas y los chinches (si los hubo) dio buena cuenta el mangueramen del ayuntamiento; de las ideas regeneradoras, tampoco se supo mucho. A la vista está que España sigue tan necesitada de regeneración como cuando yo la dejé.

Pero di que hoy, comentando con mi señora madre los pormenores de este viaje que siempre me pone nervioso (no porque no me alegre volver, sino porque siempre me sucede que temo que algo se me olvide y recordarlo sólo en un momento intempestivo) va y se pone  la que me puso en el mundo:

¿Te has enterado de lo del Rey?

Y yo, que qué había pasado con el Rey. Y ella, que estaba en el hospital, que se había roto una cadera (el Rey, nuestro señor, cuenta ya con años suficientes para ser víctima de estos accidentes que uno asocia a una edad provecta). Lo primero que se me ha venido a la cabeza han sido dos cosas.

 A) Al saber que se ha tardado un par de días en dar la noticia del mal paso real, me he acordado de una anécdota protagonizada por Franco y su médico, el rocoso Vicente Gil (marido que fue, por cierto, de la estupenda actriz Maria Jesús Valdés, fallecida recientemente). Estaba el general postrado en el lecho, temeroso de divulgar la noticia de una enfermedad que, a su juicio, terminaría dándoles la razón a aquellos que sospechaban que, al fin y al cabo, el gallego era mortal. Díjole el dictador a su médico: “Esta noticia, Vicente, va a ser una bomba”. Y Vicente, Vicentón, como le conocía todo el mundo, repuso lleno de buen sentido: “La bomba, mi general, sería que usted la espichara” (Vicente dijo “la espichara” porque era presidente de la Federación Española de Boxeo y no se andaba con chiquitas).

B) Me ha venido asimismo a la cabeza que los responsables de comunicación de la Casa Real (“de Casa Real” como dicen los imbéciles que van de modernos) han tenido dudoso tacto en anunciar precisamente un catorce de abril que el Rey (hablemos de hobbys caros) se había roto la cadera en un viaje a Botswana (¡A Botswana!) y que había tenido este accidente matando Elefantes (¡Elefantes!). Yo mismo, cuando mi madre me ha dicho lo de los Elefantes, he preguntado si estaba de coña. “Que no, que no, que estaba practicando la caza mayor”. Y mientras tanto Froilancín postrado también en el lecho por un accidente cinegético. No somos náiden, como dijo aquel.

Es lo que tiene que el paro juvenil no te deje dormir, que luego, falto de sueño, das traspiés y te rompes cosas.

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