La política austriaca es un potro desbocado

Dem Volk, sein Recht
Al pueblo, su derecho (A.V.D.)

4 de Mayo.- Según explicábamos hace unos días, en las últimas décadas se ha producido en Austria un cambio sustancial desde el punto de vista político.

Si, antiguamente, un noventa por ciento de la gente se identificaba con una de las dos opciones que eran mayoritarias (socialdemócrata una y cristianodemócrata la otra) y esta identificación adquiría en muchos casos tintes casi genéticos dependiendo de dónde y en qué nivel social se hubiera nacido, las últimas tres décadas han visto la erosión paulatina de este estado de cosas, de manera que la política de EPS (Este Pequeño País) se ha vuelto más imprevisible y, por lo tanto, mucho más entretenida.

Con los apoyos del electorado a los grandes partidos en franco retroceso, algunos pescadores nuevos se han apresurado a echar el anzuelo en el río revuelto. Alguno, como Strache, crecido por la epifanía futura que le prometen las encuestas; otros, porque su instinto de caballeros de fortuna les indica que hay espacio para alternativas nuevas.

Empecemos por Strache y eso que llevamos avanzado.

En los últimos días, las calles vieníes –y, me temo, otras de esta república- han aparecido empapeladas con un cartel que, como es marca de la casa, recuerda mucho a aquellos tiempos del paso de la oca y las camisas pardas.

Strache encorbatado, sin americana, pintado como una puerta para simular un saludable moreno y cuatro palabras en rojo: “Dem Volk, sein Recht” (A pueblo, su derecho). Por arriba, en amarillo “Democracia Directa, ya”.

Dejando aparte el uso, siempre sospechoso de la palabra Volk (pueblo), tan cara a los del bigotillo, nos detendremos en la petición de Democracia Directa. Por supuesto, en el lenguaje ultra no se quiere significar un deseo de que se elija a los representantes populares por circunscripción, como en el Reino Unido de Maribel de Windsor. Lo de Democracia Directa, en este caso, quiere decir exprés, o sea: “Elegidme a mí ya de una p… vez” (ponga el lector detrás de la p las letras que más le gusten). O sea, Strache, en pleno egotrip, clama por la convocatoria de unas elecciones que está seguro de ir a ganar.

Desde el punto de vista visual, llama la atención que este cartel parece marcar una especie de punto de inflexión minimalista en el Artwork de la ultraderecha, la cual, hasta el año pasado, había insistido en un cartelamen recargado de banderas, de figuras y de cosas. Alguien parece haberse acordado de que el éxito de la comunicación ultra siempre ha estado en practicar un estilo pop de un analfabetismo purísimo, específico. Nada de análisis. Pura emoción. Si Strache pudiera comunicar con su electorado sin la ayuda de las letras, estoy seguro de que se lanzaría a hacer un programa de dibujos que seguramente mi sobrina Ainara disfrutaría mucho como cuento de miedo. No se atreve a tanto (aún).

Strache no ha sido el único en apropiarse del lenguaje que cierto progresismo ha acuñado en los últimos tiempos pidiendo transparencia y democracia real (cualquiera que sean esas dos cosas en cuya definición es tan fácil caer en la demagogia).

Hace meses hablábamos de la formación de una especie de consejo de ancianos de signo regeneracionista. Personalidades y ex de cierto relumbrón que, en público, se mostraban oficialmente soliviantados por la falta de nivel en la que había dado en caer la política austriaca. Pues bien: el nuevo partido (o asín) se presentó ayer.

Está al mando de Stronach (cabeza pensante del megaconsorcio Magna) y viene a ser una especie de 15-M de caballeros de los de sienes plateadas, Rolex de oro –de los buenos, no de los de palo- y mocasines que sólo pisan moqueta . De momento, para presentarse en sociedad, se han gastado un pastizal en una separata impresa en papel bueno que venía con el Heute, por lo cual es bastante probable que cuenten con las complacencias del Kronen Zeitung (ay Dios, cómo nos pruebas). De momento, no hay constancia de qué calado puedan tener en el electorado de esta pequeña república aunque, a falta de encuestas fiables, parece ser que, los de Stronach, quieren ocupar en las próximas elecciones el espacio electoral del boqueante partido fundado por Jörg Haider ¿Lo conseguirán o les ganará el Partido Pirata? De momento, eso está escrito en las estrellas.

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