Hubert von Goisern, de profesión, culo de mal asiento

Hubert von Goisern Mosaico
A.V.D.

23 de Junio.- Ayer empezó la Donauinselfest o Fiesta de la Isla del Danubio, el evento al aire libre más grande de Europa. Y totalmente gratis. Eso sí: publicidad hay a cascoporro y por todas partes. Pero bueno, vaya lo uno por lo otro.

Los mejores artistas de la música popular austriaca aprovechan la DNIF para darse un baño de multitudes y estar en contacto con su público. Yo estuve viendo ayer a Hubert von Goisern (Bad Goisern, Alta Austria, 1952). La verdad es que tenía curiosidad más por el fenómeno social que por el artista, pero la verdad es que quedé sorprendidísimo de la calidad del músico, del cual sólo conocía esta canción (pinchen mis lectores y flipen con el poderío alpino).

Al ir a escribir hoy este artículo he podido profundizar más en el personaje y mi flipe, por cierto, ha continuado, porque tengo la sensación de que Hubert von Goisern (en realidad, Hubert Achleitner, como persona, tiene poco que ver con una cierta parte de su público.

Von Goisern nació, como queda dicho, en la Alta Austria, en 1952 y es el representante típico de la generación austriaca de jóvenes de la posguerra. Después de la contienda mundial, los austriacos, bajo la tutela de las potencias vencedoras, se vieron obligados a construir una nueva mentalidad nacional, proliferaron los grupos folklóricos y las Blasskapelle (orquestinas de instrumentos de viento) y Hubert von Goisern, ya interesado por la música, se integró pronto en un grupo de estos, en donde aprendió a tocar su primer instrumento: la trompeta. Sin embargo, como Hubert insistía en llevar el pelo largo y en probar otros repertorios, se peleó con el director de la Kapelle y aquí se terminó su participación en la música folklórica (aunque luego, esta experiencia estaría presente en su música constantemente y de hecho Von Goisern pasa por ser el gran modernizador del género).

En 1972, en plena furia de sus veinte años, a Hubert se le hinchan las napias de la estrechez cultural austriaca y se va nada menos que a Sudáfrica, en donde trabaja en un laboratorio de química y se implica en todas las causas posibles (lucha, por supuesto, contra el Apartheid). Tres años después, Von Goisern vuelve a Austria y se casa con una canadiense. Se va a Toronto y aprende guitarra flamenca (¡!). El inquieto Hubert se separa de ella y se va a vivir a Filipinas (este hombre tiene más peligro que Willy Fogg con un abono transportes) y allí se pone a estudiar también la música folklórica.

En 1984 vuelve otra vez a Austria en donde monta una banda con Wolfgan Ambros, Joesi Prokopetz y Manfred Taucher: los Alpinkatzen. Se encuadran dentro de lo que yo he llamado La Movida Vienesa, esto es: una escena musical de izquierdas que reivindica el dialecto y el ennoblecimiento de lo proletario. A partir de ahí, durante los noventa, Hubert von Goisern es el perejil de todas las salsas. Sigue con la música, hace cine, se implica en causas ecologistas, se hace amigo del Dalai Lama (Por cierto, el Dalai Lama tiene más amigos que una folklórica). A principios de este siglo, sin embargo, se estanca un poco y sus canciones ya no están con tanta frecuencia en las listas (la edad, que hace mella, y un cierto cansancio generacional). Sin embargo, su último disco, EntwederUndOder, funciona como un tiro y Brenna Tuats Guat (la canción que han escuchado mis lectores) alcanza el número 1 dándole a Von Goisern nuevas alas y un público nuevo. Como por ejemplo, este que está escribiendo el cual, en cuanto ponga el punto final, se va a ir a comprar el disco.

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