Villanueva de Merkel

anciano leyendo
A.V.D.

 

Es poner la televisión y saltar como si a uno le pincharan en el pandeiro.

27 de Diciembre.- Madrid. Konfederación Ejpanyola. Octubre de 2050. Tras largos años de carrera laboral en Austria, Paco Bernal vuelve a Ejpanya (antigua España) y da su jugosa pensión al patronato de la Casa para Viejos Loj Olibareh, sita en el bello municipio de Villanueva de Merkel (uno de los pocos que, en atención al nombre de la estadista alemana, no ha visto cambiado su nombre para adaptarlo a las nuevas normas ortográficas que ha sancionado la Real Academia Española, para adaptar el castellano al idioma que habla “la gente de la calle”).

Dos celadoras toman café y critican a los viejos:

-¿Ké dice el nuebo?

-¿El australiaco? Ná, tía, ke balla mierda de televisión. Ke no ay más que tertulias.

-¿Y ké kiere, ke sea komo en Halemanya, ke solo ay dokumentals?

-No sé, paba, pero tiene unos umos…

Mientras tanto, Paco Bernal se pelea con un artilugio que le llena la habitación de tertulianos en 3D. El antiguo bloguero (internet hace tiempo que se sustituyó por un implante cerebral que permite a la información circular más cómodamente) se duele del estado en que se encuentra su España de su alma, y se da cuenta perfectamente de que, si ya no le entienden en su antigua patria es porque, años y años de labor destructora, han dejado el vocabulario de la población en la mismísima raspa.

Cambia de canal.

Amar en Tiempos Revueltos (a partir de 2013, Amar es para siempre) ha alcanzado trabajosamente los tiempos de la transición a la democracia. Los guionistas, como concesión a los televidentes (perdón, a los telebidenteh) más nostálgicos, han clonado a los Alcántara por medios informáticos y, lo que es peor, han recreado a Juan y Medio y a media docena de sus niños hostiables.

Paco Bernal se echa a llorar. Desde lejos, las dos celadoras le observan:

-¿Ké le pasha?

-Txtotxea, tía, txotxea.

Desde que estoy en España, me aterra que esta visión pueda hacerse realidad. Es poner la tele y que el aparatejo vomite cosas que me hacen saltar del sofá como si me pinchasen en el pandero.

Ayer, sin ir más lejos. Estaba viendo con mi madre Downton Abbey (temporada tres, que todavía no ha llegado a Austria). Escena: aparece Mrs. Hughes -esa mujer que, cada día más, se parece a Don Pimpón- y le dice a un personaje (no digo cual, por los spoilers):

-Señor X. -señor ¿Eh? Señor- de manera que ESTÁS ahí. Me han dicho que TE VAS.

¡Toma ya! Como el “usteo” ha sido laminado del español de la calle, los analfabetos que traducen los guiones de las series ya no saben cómo usarlo.

Otra, también en Downton Abbey. En el original inglés, los personajes se refieren a la mansión como “The house” ¿Traducción? La Casa, cómo no. Y así están todos los personajes, que parecen concursantes de Gran Hermano. Y dejan LA CASA y vuelven a LA CASA y compran LA CASA y la vuelven a vender. Sinónimos como “la mansión” que yo usaba más arriba han pasado a la historia. A lo más que llegamos es a “la propiedad” y eso porque en inglés se dice “The property”.

El secreto de Puente Viejo. El bueno(rro) y el malo(te) se sientan en un salón a departir. La serie está ambientada a principios del siglo pasado. Se ponen a hablar “del incidente que han protagonizado” !coño! Ni que fueran Matías Prats.

Y lo peor. La gente por la calle, ya habla así.

El otro día, paseando por mi padre, escuché a un marido decirle a su mujer:

-Cariño, tú es que no te autovaloras.

Como decía mi abuela, asinita.

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