¿Qué hacemos con la casa del tito Adolfo?

Hitler
Cabeza de Hitler que se encontraba en la Rathausplatz (antes, Adolf-Hitler-Platz). Hoy, en el Heeresmuseum de Viena (A.V.D.)

 

Son, sin duda, los cien metros cuadrados más problemáticos del territorio austriaco ¿Qué hacer con una casa que, pese a no ser nada extraordinario tampoco es una casa más? Parece que ya hay una solución. Y puede ser la definitiva.

1 de Febrero.- En Abril de 1889, Braunau am Inn era un pueblecito de apenas 5600 almas, a poca distancia de la frontera entre Austria y Alemania.

El día 20, Alois Hitler, un tipo bravucón, borrachín,tosco, hecho a sí mismo (a pesar de ser medio analfabeto había conseguido, a base de cabezonería, ganar un puesto en la escala más baja del cuerpo de funcionarios de aduanas) recibió la noticia de que su mujer, Klara, una mujercita apocada y asustadiza, había dado a luz a un niño, al que pondría por nombre Adolf.

Ni Alois ni Klara Hitler, es evidente, estaban en condiciones de saber que el nuevo miembro de su familia incorporaría Braunau am Inn a la lista de lugares infamados para siempre por haber servido de cuna a personajes siniestros o haber sido el escenario de sucesos horripilantes.

Los Hitler ocupaban una vivienda en una casa de dos plantas, de vago estilo Biedermayer (la corriente artística bobalicona, burguesa y dulzarrona que se extendió por Europa tras el éxito de la reacción del Congreso de Viena).

Esta casa estaba (está) en el número 15 de la Salzburger Vorstadt de Braunau am Inn. Durante los años en que Hitler vivió en ella, nada hizo suponer que aquel niño delgaducho, un poquito cabezón (y, lo que son las cosas, compañero de clase del filósofo homosexual Wittgenstein) sería elevado a las alturas del poder y, más tarde, coronado por la Historia como monarca supremo de las tinieblas.

La casa sobrevivió a la destrucción causada durante la última guerra mundial y actualmente se conserva, según las fotos que se pueden ver de ella, en un estado razonable. Pertenece a una persona particular que, desde 1972, la tiene alquilada al Ministerio del Interior austriaco, el cual parece ser que paga 4700 euros de renta al mes. Hasta hace un poco más de un año, la finca fue usada por los participantes un taller de terapia ocupacional para personas discapacitadas pero, desde entonces, está vacía.

Biedermeier
Una pintura de estilo Biedermeier (A.V.D.)

En sí misma, la edificación, no es nada extraordinario. Su valor intrínseco o artístico es muy modesto y lo mismo se puede decir del valor histórico, fuera de la anécdota de que, en una habitación concreta, uno de los mayores asesinos en masa de la Historia se hizo pis encima por primera vez. Un hecho que, la verdad, influyó poco en la historia del continente europeo.

Sin embargo, también hay que reconocer que tampoco es una casa más. Pirados neonancis de todas las partes del globo acuden a hacerse fotos con disimulo delante del portal (evitando cuidadosamente que en el encuadre salga el “manolito” de mármol que la localidad de Braunau instaló en los ochenta para recordar a las víctimas del nazismo); el año pasado un ruso, aquejado de locura pseudorreligiosa, intentó comprar el edificio para echarlo abajo y los políticos de Viena, conscientes de encontrarse ante una parcela incómoda de la Historia de Austria, tampoco se ponen demasiado de acuerdo en qué hacer con la patata que les quema en las manos.

Algunas voces pedían que en la casa fuera instalado una especie de museo, parecido al que, en Graz, en la antigua casa de los Schwarzenegger, alberga piezas de interés tan indudable como el inodoro que utilizaban el actor más inexpresivo de la historia del cine (con todos los respetos a aquellos intérpretes que han tenido que meterse en la piel del hombre invisible) y su familia.

Esta opción se ha desestimado.

El municipio de Braunau, confiando en que la solución adoptada repela a los que intenten convertir la casa natal del dictador en el objetivo de sus peregrinaciones, ha decidido instalar en el edificio un centro de integración para inmigrantes, en el que se den clases de alemán a aquellas personas que hayan venido a buscar a Austria una vida mejor y quieran participar más activamente de su sociedad.

Esta solución le ha parecido muy requetebién al Ministerio del Interior, para el cual solo era justificable un uso de la casa caritativo o social.

En breve, se iniciarán las conversaciones.

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