La odisea de las obras de arte vienesas durante la II Guerra Mundial (2)

Retrato de la infanta Margarita que se guarda en el KHMuseum de Viena (A.V.D.)

En las minas de sal de las cercanías de Salzburgo los nazis guardaron el botín del mundo: la memoria artística de Europa y de la Humanidad.

8 de Marzo.- Las obras de arte procedentes de todo el territorio controlado por los nazis se transladaron en todas las estaciones del año, sin importar las condiciones meteorológicas extremas. La fábrica de maquinaria pesada Steyr incluso puso a disposición de la evacuación los vehículos oruga de fabricación rusa que se utilizaban en lo más extremo del invierno.

Casi al final de la guerra, las minas de sal de la región de Altausee reunían la colección de arte más variopinta y valiosa que el mundo haya conocido en un solo lugar. Más de sietemil obras que incluían obras maestras de Velázquez, de Rafael, de Tiziano, de Durero, de Cranach, los dibujos del Albertina, bibliotecas famosas procedentes de castillos y palacios, incunables, esculturas de valor inestimable. Finalmente, conforme la mordaza de los aliados iba dejando el Reich alemán en la raspa, se decidió también que las obras que componían la llamada “Colección del Führer”. Eran los cuadros que el propio Adolf Hitler había elegido para servir de base a su museo del arte alemán. La colección de Hitler agrupaba también algunos cuadros de valor incalculable. Por ejemplo, nada más y nada menos que diecisiete Rembrandts.

Según relata nuestro amigo el doctor Pöchmuller en su libro “Tesoros del arte en peligro” (Kunstschätze in Gefahr), la colección se transportó en 13 camiones que contenían más de mil cajas. En su libro, Pöchmuller habla de la importancia de la colección en estos términos alucinantes: “La más grande colección de obras y joyas del renacimiento procedentes del patrimonio de la familia Rothschild,  las colecciones Weil-Piccard, Levy-Benzin, David Weil, Neumann y Wasserman” (todos industriales o banqueros judíos a los que se había arrebatado su patrimonio.

Asimismo, se llevaron a las minas de sal de las cercanías de Salzburgo valiosísimos tesoros del patrimonio histórico austriaco, como parte de las habitaciones del palacio de Schonbrunn. Pöchmuller explica en su libro que, protegida entre colchones, estaba la Madonna de Miguel Angel de Bruselas, aunque por encima de ella colocael altar de los hermanos van Eyck.

Pero no solo los museos centroeuropeos y alemanes fueron objeto de la rapiña nazi. También las obras de arte robadas en los museos italianos terminaron también en las cercanías de Salzburgo. Obras robadas en Nápoles y en la abadía de Montecassino, pero también, en un inventario mareante, las obras más importantes del museo del ejército de Viena. Muebles,monedas, medallas.

En las minas de sal de las cercanías de Salzburgo se guarda no solo un tesoro de un valor incalculable (¡Qué precios alcanzaría una sola de las obras en una subasta de hoy en día!) sino también la memoria artística y cultural de Europa entera, lo cual, en cierto modo, equivale a decir que era la memoria cultural y artística de toda la Humanidad.

El peligro dramático que, en los dramáticos días de abril y mayo de 1945 iban a correr esas obras será el objeto de nuestro siguiente post.

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