El hobby nuevo del emperador

Maria Theresia Habsburg-LothringenFelipe González podaba bonsáis, Franco pescaba cachalotes, Carlos III hacía sillas, todos los gobernantes a lo largo de la historia han tenido sus hobbies. Los Habsburgo austriacos no fueron ninguna excepción.

19 de Mayo.- Últimamente, la llamada “clase política” –expresión que odio casi tanto como la de “las antiguas pesetas”- anda muy desprestigiada.

Como suele suceder en tiempos de vacas flacas, los que andan con apuros para llegar a fin de mes le echan la culpa –justamente- a los que gobiernan, y llevan bien por cuenta si gastan más en esto o en aquello, o si llenan el depósito del yate o si deciden dejarlo aparcado en el puerto, o si matan elefantes o los dejan pacer. El estar constantemente bajo el ojo fiscalizador del público, provoca asimismo que los políticos (“los que mandatamos”, como dijo una diputada montaraz de cuyo nombre mejor no acordarse) sufran un enorme estrés y necesiten evadirse de los disgustos que da el cargo.

Felipe González, es bien sabido, podaba calmosamente sus bonsáis; Franco, cazaba y pescaba salmones y hasta cachalotes (y la prensa informaba en serio sobre ello, ejem). Carlos III, el rey albañil que hermoseó los madriles, a fuer de hombre benigno pero con gran sentido común era un tornero más que eficaz –ejemplos de su arte se conservan en algunos palacios administrados hoy en día por el Patrimonio Nacional-. En fin que, según sus posibilidades, cada uno se buscaba la manera de abstraerse de los soponcios que produce el mando cuando se ejerce.

Los Habsburgo austriacos no fueron ninguna excepción y, desde tiempo inmemorial practicaron, junto al de “mandatar”, otros oficios que les distraían del llamado peso de la púrpura.

Desde tiempo inmemorial, o sea.

Veamos algunos ejemplos: Alberto II, llamado el Sabio, aunque también “El paralítico”, el cual vivió desde 1298 hasta 1358 fue un emperador superapañado al que le dio por la carpintería. Arte manual que combinó con otro si cabe tan curioso, ya que fue un más que potable músico que, de haber habido una revuelta republicana, incluso hubiera podido ganarse las habichuelas con su arte.

No fue el único de la familia con talento para las corcheas. El emperador Leopoldo I (1640-1705) fue un gran solista de flauta cuyas obras aún pueden escucharse en los conciertos actuales. Asimismo, compuso un par de óperas que se siguen representando aún hoy. Sus dos hijos José I y Carlos VI, padre de Maria Theresia, el mismo que tuvo la idea de construir una copia de El Escorial en Kloster Neuburg, fueron ambos afamados músicos en su época. Maria Theresia (1717-1780) entre parir como una coneja y poner un poco al día los asuntos que su padre, ofuscado por la música, había dejado manga por hombro, pudo dedicarse a bien poca cosa la mujer. Sin embargo, han quedado testimonios de que cantaba muy entonadamente.

Estampa familiar
El archiduque Franz Ferdinand con su mujer (A.V.D.)

Francisco I, el suegro –bastante a su pesar- de Napoleón, era un jardinero aficionado –aún hoy se pueden ver sus utensilios de trabajo en el Hofmobilien Depot– lo mismo que su descendiente Franz Ferdinand (el que se cepillaron en Sarajevo). A este señor, un tipo bastante iracundo por lo que parece, le apasionaba por cierto el paisajismo y le encantaba diseñar jardines.

ErzherzoginEn el siglo XIX, la familia Habsburgo cambió el pentagrama por los planos y así, además de archiduque, Karl Salvator (1839-1892) fue un avezado técnico, el cual dejó patentes, sobre todo de armas (rifles de repetición y escopetas de caza). Asimismo, estudió (y ejerció) la arquitectura y se ocupó de la técnica hidráulica. Su hijo, el archiduque Leopold Salvator (1863-1931) fue un pionero del automóvil y, al morir, dejó 120 patentes.

También hubo Habsburgos pintores, hobby que tuvo especial éxito entre las mujeres aunque no solo. Marie Valerie, la hija pequeña de Francisco José y de Sisi fue una pintora más que pasable. El mismo emperador Paco Pepe que, por si las moscas, había aprendido los nada aristocráticos oficios de carpintero y tonelero, había sido durante su juventud un buen dibujante con la mano muy suelta, lo mismo que su tía, Maria Luisa (1791-1847), emperatriz de los franceses, segunda mujer de Napoleón, la cual era una estupenda “Vedutista” (género de pintura paisajística muy típico del siglo XVIII).

Fuente: Sammelsurium Austriacum (un libro divertidísimo de Gerhard Tötschinger)

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