Luzivuzi: el hermano gay del emperador Francisco José

Fotomontaje con el emperador Francisco joséHoy, en muchas ciudades españolas, es el desfile del Orgullo gay. Los Habsburgo, también tenían motivos para celebrarlo (a su manera, por supuesto).

29 de Junio.- En Austria ha habido tres gays famosos : el primero, el príncipe Eugenio de Saboya, apodado por sus envidiosos enemigos “Madame Simon”: escaso metro y medio de señor que fue el artífice principal de la victoria contra los turcos y al que, por lo tanto, se le perdonaron en su época cosas por las que otros las pasaron moradas (cuentan, por ejemplo, que el bueno de Eugenio, cuando le ofrecieron solazarse con un par de damas complacientes, dijo “no tener nada contra ellas” pero que “dos pajes guapos serían más de su gusto”); el siguiente, Alfons Haider, presentador de la ORF, el cual cuenta en su haber varias portadas de la revista Sueños de Suegra, ídolo, como lo fue Constantino Romero (q.e.p.d.) de todo el mujerío pre y postclimatérico, artista total que lo mismo plancha un huevo que fríe una corbata.  Y, por último, el personaje del que nos ocuparemos hoy y mañana: el archiduque Ludwig Viktor (Luis Víctor) ese hermano que hizo que Francisco José tuviera que comprarse las aspirinas por arrobas para quitarse los dolores de cabeza.

Ludwig Viktor: el príncipe deseado

Franz Joseph gay entero
Franz Joseph cantando el I will Survive (a.V.D.)

La vida de Ludwig Víctor empezó el 15 de mayo de 1842 cuando su madre, la archiduquesa Sofía (esa bruja que interpretó magistralmente Vilma Degischer en las pelis de Sissi) le trajo al mundo.

Ludwig fue un niño deseado, de hecho, sus progenitores tuvieron que intentarlo bastante hasta que la archiduquesa Sofía consiguió llevar el embarazo a buen término. No sólo por la edad de la gestante (37 años) que hoy la hubiera facturado ipsofactamente al grupo de las embarazadas con riesgo, sino por cierta tradición familiar que marcaba a las mujeres de la familia Witelsbach, de donde procedía Sofía, y que las llevaba a tener propensión a lo que, en la época, se llamaba “Fausse couche” . Se sabe que Sofía quedó once veces embarazada de su marido, el archiduque Francisco Carlos. Un caballero al que las crónicas, por cierto, describen como intelectualmente justito.

A pesar de esto, Sofía nunca fue una madre cariñosa (con ninguno de sus hijos, por cierto) y pronto empezó a echar pestes de la poca brillantez de su vástago el cual había salido, obviamente, a su padre. En familia, al pequeño archiduque se le conocía como “Bubi”, “Hetzi” o, como ha pasado más a la historia, como “Luzivuzi”.

Ludwig Vicktor, a fuer de ser un poco border line, crecío bastante feliz, como sus otros hermanos, bajo la estricta férula de su madre y la presencia un poco borrosa del bobo de su padre (esto, como dicen en Cádiz, no es criticar, es referir) y sólo dio un pequeño susto de salud en 1852, a los diez años. Por consejo médico, se le envió al borde del mar a que se repusiera y su madre, cuando recuperó la salud, dio gracias a la Virgen.

Tendría ocasión de rezarle a menudo para que su Luzivuzi se enmendara. Sin resultado, obviamente.

La Homosexualidad en el siglo XIX: entre la cárcel y el manicomio

En el siglo XIX, la homosexualidad era un tema tabú a pesar de que, como es de suponer, no había ni más ni menos gays que ahora. En la familia Habsburgo, mismamente, había habido un par de casos, como la propia Maria Antonieta, hija de Maria Theresia, que se hizo famosa en la corte de Versalles por lo que le gustaban los moluscos bivalbos. La realidad ineludible de la existencia del amor entre personas del mismo sexo dejaba bastante perpleja a la sociedad de aquella época la cual, para los pobres gays y las pobres lesbianas, sólo preveía tres posibilidades: la corrección y la abstinencia –como predica (¡aún! Y de puertas para afuera, claro) la Iglesia Católica actual-, el manicomio o la cárcel.

Las inclinaciones homosexuales de Ludwig Victor fueron imposibles de ocultar a partir de 1862 y toda Viena se hacía lenguas de sus apariciones en la corte y de la pluma que se gastaba el angelico. Y es que, no solo el pobre Luziwuzi hubiera tenido muy poco porvenir de chapista o en la selección austriaca de rugby, es que era todo menos un buen relaciones públicas de sí mismo. Entre las personas con las que se llevaba a matar, por ejemplo, estaba su cuñada, la emperatriz Elisabeth (entre Drama Queens andaba el juego) que no le podía soportar y que le acusaba de haber sido responsable, con su lengua Anabolena, de no pocos de sus problemas en la tiesa y polvorienta corte de los Habsburgo.

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