Doña Juana ¿La loca? (III)

ReliquiaDejamos a Doña Juana sufriendo en Flandes por los celos que le daba su Felipe. Hoy, viajamos un poquito más al sur.

26 de Agosto.- Durante todo el mes pasado, nos han tenido fritos con la recién parida inglesa y con su hijo, George (Jorge) del que se dice que será el rey de los ingleses del siglo XXI. Viendo al niño, apenas un tibio bebé en brazos de su madre, yo pensaba en que, a esas edades, ciertas predicciones son un poco aventuradas ¡Cualquiera sabe lo que será de nosotros dentro de cincuenta años! No es que el Reino Unido vaya a convertirse a corto plazo en una república, pero cosas más raras se han visto y el destino se complace en hacer carambolas (y aún billar a tres bandas) con lo que los hombres tienen en la cabeza.

Así pasó con lo que los Reyes Católicos (particularmente Fernando el Católico) había pensado para esa finca suya que administraba a pachas –juntos, pero nunca revueltos- con su señora esposa.

Quizá merezca la pena repasar por qué cadena de casualidades Doña Juana, que estaba tan feli…Digo, tan torturada en Flandes sufriendo como una bestia por la cornamenta con la que la coronaba su Don Felipe, tuvo que volverse de los Países Bajos y terminó de reina de Castilla.

La muerte

Juanito el tuberculoso

Los dos hijos mayores de este matrimonio de superviventes que fueron Isabel y Fernando se llamaron Juan (que tuvo el título de Príncipe de Asturias) e Isabel. Diremos brevemente que el infante Don Juan nació en Sevilla en 1478 y que, cuando tenía 19 años, como contábamos en la primera parte de esta historia, sus padres acordaron con el emperador Maximiliano de Austria (el que hablaba con su ataud) casarle con Margarita de Austria en el mismo pack por el que Juana hizo bodas con Felipe el Fermoso.

En realidad, el infante Don Juan era para Margarita de Austria un premio de consolación.

En virtud del tratado de Arras, y cuando era una niña, a Margarita la habían comprometido con el rey de Francia y había vivido casi una década en gabacholandia, hasta que el rey francés, Carlos VII, cambió de planes y utilizó el papel tratado de Arrás para limpiarse el porompompero. El compromiso con Margarita quedó anulado.

Isabel de Castilla
La reina Isabel la Católica, una vez omitido el mostacho (foto: Wikipedia)

La pobre Margarita se quedó compuesta y sin novio pero en su ayuda llegaron los Reyes Católicos. La boda con Juanito se celebró en Salamanca. El novio tenía diecinueve años y ya estaba mortalmente enfermo, y la novia, que no era lo que se dice monilla (aunque tampoco tenía el bigotón de su suegra) tenía diecisiete. La felicidad (o así) les duró poco. Seis meses después del enlace, el hijo de los reyes católicos cascó de tuberculosis. Margarita estaba embarazada de una niña que murió al poco de nacer.

Margarita de Austria, a pesar de que no hubiera tenido ninguna oportunidad en el certamen de Miss Mundo Renacimiento, resultó ser una señora muy juiciosa y una de las políticos más inteligentes de su época. Durante la minoría de edad de su sobrino Carlos, fue ella la que administró los Países Bajos. Entendió perfectamente la idiosincrasia de sus súbditos, no se metió en jardines innecesarios, y supo manejarse sin ningún problema en la compleja red de alianzas de la Europa de su época. Murió a los cincuenta, sin hijos.

Isabel, la asaltacunas

De la otra hija de los Reyes Católicos, Isabel, no se puede decir lo mismo (ni que fuera lista ni que tuviera la cabeza sobre los hombros, se entiende). Sus padres la casaron con Alfonso, el príncipe heredero de Portugal. La novia tenía veinte tacos y el chaval 15 (en esta época, en nombre de la razón de estado, se asaltaban las cunas que era un gusto). A pesar de lo cual, los novios se enamoraron instantáneamente nada más conocerse. Se casaron en 1490. La felicidad también les duró poco. En 1491, apenas un año después de haber pasado por la vicaría, el chavalín se cayó del caballo (hoy se hubiera caido de la moto, es que van como locos) y la pobre Isabel se quedó viuda prácticamente sin haber catado las mieles del tálamo. Sin duda por el disgusto, Isabel entró en una fase depresiva muy parecida a la que aquejaría a su hermana Juana a la muerte de Felipe el Hermoso.

Juana, hija, vente pa´spaña

Se cortó el pelo y se vistió de sarga negra y le anunció a sus padres que, decepcionada del mundo, quería meterse a monja. Sin embargo, los Reyes Católicos se negaron en redondo y le dijeron lo que les dicen todos los padres a los que les sale un hijo escritor, o sea, eso de que “tú esto lo puedes hacer como hobby y eso y, mientras tanto, te buscas una carrera de funcionario, que en la olla grande está lo seguro”.

O sea, que la piedad estaba bien para salir en los cuadros de perfil y con los ojos en blanco, pero que una infanta de España (en aquel momento de Castilla) se debía a lo que se debía. Y a lo que se debía Doña Isabel era a casarse con el rey de Portugal. La castellana dijo que vale, pero que con una condición: que se expulsase a los judíos de Portugal.  Por herejes y, como se decía cuando yo era niño, “porque habían crucificado al Señor” (la depresión le había dado mística y se conoce que los confesores le habían comido la oreja suficientemente). El rey de Portugal dudó porque sin duda era un hombre inteligente y se daba cuenta de que, expulsando a los judíos, expulsaba también a la élite intelectual del país y a los funcionarios más listos. Al final, sin embargo, accedió y Doña Isabel volvió a Portugal a regañadientes para casarse (el 13 de Septiembre de 1497 en Valencia de Alcántara). En 1498, Isabel y Fernando invitan a su hija y a su nuevo yerno a unas vacaciones en el Monasterio de Guadalupe. La castellana llegó embarazada de cinco meses y los reyes comprobaron alarmados que seguía tan mal de la azotea como antes, o sea, deprimida, ansiosa y maniática. Llegado su tiempo, Isabel dio a luz un niño que se llamó Miguel de la Paz y que hubiera debido ser el nuevo rey de Castilla y Portugal. No le dio tiempo, porque murió con nueve meses. Duró más que su madre, que falleció nada más dar a luz.

Los Reyes Católicos enviaron mensajeros a Flandes: “Juana, hija, vente que España tiene una nueva Princesa de Asturias”.

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